domingo , 6 septiembre 2026
Notas de Ellen G. White 2023

DIOS ES EL DUEÑO DE TODO

Dios nos habla en la  naturaleza.  Es su voz la  que  oímos al  contemplar la  hermosura  y la  abundancia  del  mundo  natural.  Vemos su gloria en las cosas  bellas que su mano  ha hecho. Contemplamos sus obras sin ningún  velo.  Dios  nos  las  ha dado  para  que  mirando  las  obras  de  sus manos aprendamos  de él. Dios nos ha dado estas cosas preciosas como una expresión de su amor.

El  Señor es amante  de lo hermoso, y para agradarnos  y gratificarnos  ha desplegado ante nosotros  las bellezas de la naturaleza, así como un padre terrenal busca presentar cosas bellas delante de los hijos a quienes ama. Al Señor siempre le agrada vemos felices. Aunque pecaminosa y con todas sus imperfecciones, el Señor ha prodigado a esta tierra lo útil y lo hermoso. Las bellas flores de variados colores nos hablan de su ternura y amor. Tienen un lenguaje  propio que nos recuerda al  Dador (Alza tus ojos, p.  325).

Si  los  hombres  abrieran  su entendimiento  para  discernir  la relación entre la naturaleza y el Dios de  la naturaleza,  se escucharían  entusiastas reconocimientos del poder del Creador. La naturaleza moriría sin la vida de Dios.  Sus obras creadas dependen de él. Él  derrama propiedades vivificantes sobre todo lo que produce la naturaleza. Debemos considerar los árboles cargados de frutos como el don de Dios, de igual forma como si él hubiera colocado el  fruto en nuestras manos (El ministerio médico, pp.  8, 9).

Desde los mismos comienzos  del  reinado de David,  uno de sus planes favoritos había  sido el  de erigir un templo  a Jehová.  A pesar  de que no se le había permitido llevar a cabo este propósito, no había dejado  de manifestar celo y fervor por esa idea.  Había suplido una gran abundancia de los materiales  más costosos: oro, plata, piedras de ónix y de distintos colores;  mármol  y las  maderas más preciosas …

David había sentido  hondamente  su propia indignidad para reunir el material destinado  a la casa de Dios, y le llenaba de gozo la expresión  de lealtad que había en la pronta respuesta  de los  nobles de su reino,  cuando con corazones  solícitos  ofrecieron  sus  tesoros  a Jehová,  y se dedicaron a su servicio.  Pero  solo Dios era el  que  había  impartido  esa disposición a su pueblo.  Solo él, y no el  hombre,  debía  ser glorificado.  Era él  quien había provisto  al  pueblo  con  las riquezas  de  la tierra, y su Espíritu  les había dado buena voluntad para traer sus cosas preciosas en beneficio del templo.  Todo era del  Señor,  y si su amor  no hubiese movido  los  corazones del  pueblo,  los esfuerzos del  rey habrían  sido en vano y el  templo no se habría construido.

Todo  lo que el hombre  recibe de  la bondad de Dios sigue  perteneciendo al Señor.  Todo  lo que  Dios ha otorgado, en las cosas  valiosas  y bellas de la tierra,  ha sido puesto en las manos de los hombres  para probarlos,  para sondear  la  profundidad  de su amor hacia él y del  aprecio en que tienen sus favores. Ya se trate de tesoros o de dones del  intelecto, han de depositarse  como  ofrenda voluntaria  a los  pies de Jesús  y el  dador ha de decir como  David: «Todo es tuyo, y lo recibido de tu mano te damos» (Historia de los patriarcas y profetas,  pp.  812,  816,  817).

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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2023.
1re. Trimestre 2023 «ADMINISTRAR PARA EL SEÑOR… HASTA QUE ÉL VENGA»
Lección 1: «PARTE DE LA FAMILIA DE DIOS»
Colaboradores: Ana Hironymus & Esther Jiménez

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