Texto Clave: Isaías 61: 1-3; Lucas 4: 16-21; El Deseado de todas las gentes cap. 24, Creencias fundamentales 20, 4, 9.
VERSICULO PARA MEMORIZAR
“El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha consagrado; me ha enviado a dar buenas noticias a los pobres, a aliviar a los afligidos, a anunciar libertad a los presos, libertad a los que están en la cárcel» (Isaías 61:1).”
MENSAJE
«Cultivamos amistades al compartir las buenas nuevas acerca de Jesús«.
¿Has escuchado a alguien contar acerca de algo que hizo, que era muy importante para él o ella y que lo/la entusiasmó? Quizá pensaste: «Yo también quiero hacer eso algún día». Jesús desea que cada uno de nosotros sigamos su ejemplo llevando las buenas nuevas a los demás.
Jesús caminaba por el polvoriento sendero hacia la sinagoga de Nazaret. Había viajado muchas veces por el mismo camino desde su infancia para unirse al resto del pueblo en el culto sabático. Sin embargo, aquella ocasión era algo diferente. Jesús ya no era solo el hijo amable y ayudador del carpintero José.
Había cumplido treinta años, había sido bautizado por su primo Juan, había sido tentado en el desierto por el diablo y ahora regresaba a Galilea para comenzar su ministerio. Si, ahora las cosas eran diferentes. Era el momento de revelar a la gente la razón por la que había venido al mundo. Era el momento de ofrecerles las buenas nuevas.
Jesús se sentó con otros adoradores alrededor de la plataforma de lectura en la sinagoga. Cuando llegó su turno, se puso de pie para leer y alguien le alcanzó el rollo de Isaías. Jesús recorrió con la vista las muy conocidas palabras hasta que llegó al pasaje que quería. Con voz clara y amable, pero con autoridad, leyó: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado para llevar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar libertad a los presos y dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a anunciar el año favorable del Señor» (Lucas 4: 18, 19).
Los ojos de todos estaban fijos en Jesús mientras él envolvía el rollo; luego se lo entregó al ayudante y se sentó.
«Hoy mismo se ha cumplido la Escritura que ustedes acaban de oír» (vers. 21).
A la gente no le agradó escuchar esa buena noticia. Antes de que una persona pueda estar contenta por la sanidad, la libertad del cautiverio y la liberación de la oscuridad, debe sentir necesidad de todo eso. En el tiempo de Jesús muchos de los judíos no sentían necesidad de lo que Jesús les ofrecía, por eso no aprovecharon aquellas buenas noticias.
Así es como sucede siempre. Algunas personas comprenden que Jesús les trae gozo, libertad y sanidad tan pronto como escuchan las buenas nuevas. Otras no lo comprenden. Pero Jesús fue aldea por aldea, sanando y esparciendo aquellas buenas noticias. El esperaba que sus discípulos hicieran lo mismo. Los envió de dos en dos y ellos también difundieron aquel hermoso mensaje. Libertaron a muchos cautivos de la oscuridad de Satanás cuando echaron fuera demonios y sanaron enfermos. Muchos hogares y muchas aldeas se llenaron de gozo.
El mundo de hoy necesita buenas noticias. Satanás está muy ocupado, trabajando para desalentar y herir a la raza humana. La tristeza y el temor envuelven los corazones de las personas como cadenas que atan a los prisioneros. Jesús vino para traer buenas noticias, para desatar esas cadenas y libertarnos.
La buena noticia es que Jesús vino a esta tierra para salvarnos de nuestros pecados. Él dijo:
-¡Yo vengo para mostrarles bondad!
¡Les daré consuelo! ¡Les traeré alegría y gozo! ¡Yo los libertaré!
Esa es la buena noticia que cada persona, en todo lugar, necesita escuchar. Y nosotros, los que amamos a Jesús, necesitamos compartir estas buenas noticias. Eso fue lo que Jesús vino a hacer y eso es lo que él desea que nosotros hagamos.
¿Qué puedes hacer hoy para ser un «portador de buenas noticias» al mundo que te rodea? Dios otorgó a cada uno una forma peculiar para compartir su mensaje. La tuya puede ser diferente a la forma de tus amigos. Si no estás seguro de la forma que Jesús quiere que uses, conversa con él.
Puedes elevar una oración como esta: «Querido Jesús, gracias por salvarme. Gracias porque te preocupas por cada problema de mi vida y me puedes hacer feliz. Muéstrame la forma en que debo compartir tus buenas noticias con las personas que me rodean. Mora en mi corazón para que pueda comprender la forma en que deseas que esparza tu alegría en el mundo».
www.meditacionesdiarias.com
www.faceboock.com/meditacionesdiariass
https://play.google.com/store/apps/details?id=com.meditacionesdiarias.mobile
Lección de Escuela Sabática para INTERMEDIARIOS
1er Trimestre 2023
Lección 2: «ESPARCIENDO BUENAS NOTICIAS»
Colaboradores: Karla González & Israel Esparza
