¿LO SABÍAS?
El hábito de David era orar siete veces al día (Salmos 119: 164). Daniel oraba tres veces al día (Daniel 6: 10). Después de la resurrección de Jesús, sus discípulos continuaron orando a ciertas horas del día (Hechos 3: 1; 10: 9). En el libro titulado The Rule of Saint Benedict [El gobierno de San Benedicto] se cuenta cómo Benedicto estructuró los momentos dedicados a la oración en ocho segmentos diarios, incluyendo uno en medio de la noche. Aun hoy, existen órdenes monacales que estructuran sus horas de labor según los momentos específicos que dedican a la oración.
Cada una de estas personas experimentó las bendiciones que resultan de la presencia continua y familiar de Dios, al apartar diversos momentos a lo largo del día para la oración. Cuando lo hacemos, estamos invitando a Dios a estar presente en mucho más que algunos instantes por la mañana o por la noche. De esta manera, lo estamos invitando a llenar todas nuestras actividades diarias con su sagrada presencia, eliminando así cualquier división entre lo espiritual y lo secular de nuestras vidas.
Lee todo el Salmo 119. Escribe una carta a Dios en la que le expreses lo que sientes y piensas después de haberlo leído.
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Lección de Escuela Sabática para Jóvenes.
4to. Trimestre 2022 “UN LIBRO ABIERTO”
Lección 8: «CONÒCETE A TI MISMO,CONOCE A DIOS»
Colaboradores: Karla González & Karen Saban

