«Invócame en el día de la angustia; te libraré y tú me honrarás». Salmos 50:15
PAÚL RATSARA nunca supo quién puso el veneno en su comida, pero quienquiera que haya sido, tenía toda la intención de matarlo. Después de una larga recuperación, Paúl no regreso a la escuela, sino que se quedó cuidando de la granja familiar. ¿Sería esta su suerte por el resto de su vida? La historia la cuenta Derek J. Morris. Cuenta Morris que un día, mientras Paúl hacía su trabajo diario, encontró un libro que le llamó la atención. Se trataba de un ejemplar del Nuevo Testamento y los Salmos, en su idioma natal, el malgache, Nunca imaginó Paúl que el pequeño libro se convertida en su compañero inseparable. Comenzando con el Evangelio de Mateo, leyó todo el libro una y otra vez. ¿Por qué nadie le había hablado antes de Jesús? Entonces Paúl decidió reanudar sus estudios, en otra ciudad. Ahí comenzó a asistir a una iglesia cristiana, donde pronto se convirtió en líder juvenil y, tiempo después, ministro del evangelio. Desde entonces, según relata Derek J. Morris, «Paúl se ha dedicado a compartir con otros el evangelio de Jesucristo», incluso a riesgo de su vida.
Una de esas difíciles experiencias se produjo en Kinsasa, la capital de la República Democrática del Congo. Paúl caminaba por la calle cuando un hombre armado lo forzó a entrar en un vehículo donde lo esperaban otros dos, también armados. Lo robaron y luego le dijeron que lo matarían. Entonces Paúl recordó nuestro versículo para hoy: «Invócame en el día de la angustia. . .».
Un sentimiento de profunda paz inundó su corazón. «Soy un misionero proveniente de Madagascar —dijo a sus raptores—, y estoy aquí para servir a Dios y a la humanidad, incluyéndolos a ustedes›. Al poco rato, los delincuentes comenzaron a discutir acaloradamente. Al final, el que parecía ser el líder dijo en francés «¡No vamos a hacerle daño! ¡Él es un hombre de Dios!». De pronto, el vehículo se detuvo, y le dijeron: «Pastor, es un hombre libre. Se puede ir»
¿Qué hizo Paúl, entonces? En lugar de huir del lugar, les pidió a los bandidos que lo regresaran a la ciudad. Ellos accedieron, y en el camino de regreso le devolvieron lo que le habían robado, y le recomendaron qué calles no debía tomar ¡porque podía haber bandidos por ahí!
¿Qué aprendió Paúl Ratsara de su experiencia? «He aprendido —dijo que, para vivir, primero debes estar listo para morir. Para ser libre, tienes que ser libre del temor a la muerte. {…]. Mi oración diaria es estar en sintonía con Dios en cada momento, y creer que sus ángeles están conmigo».
«Estar en sintonía con Dios en cada momento› Como oración, ¡no está mal como para comenzar el día! ¿No te parece?
Maravilloso Dios, hoy quiero estar en «sintonía contigo«, y que tus ángeles estén conmigo en todo momento.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2022
«NUESTRO MARAVILLOSO DIOS»
Por: FERNANDO ZABALA
Colaboradores: Silvia García & Isaí Cedano
