«Que haya en ustedes el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús». Filipenses 2:5, RVC
LA ORACIÓN QUE CRISTO nos dio, de que la voluntad de Dios se haga en el cielo y en la tierra, debe ser contestada. Esta oración es maravillosa, y debemos ofrecerla a Dios y luego cumplirla en nuestra vida diaria. La ciencia de la santidad, la ética inculcada por el evangelio, no reconoce otra norma que la perfección de la mente de Dios, de la voluntad de Dios. Es el carácter y la mente de Cristo lo que los seres humanos deben recibir mediante la conversión y la transformación. Dios reveló por medio de su Hijo la excelencia que el ser humano puede alcanzar. Y Dios nos está desarrollando, para que aparezcamos ante el mundo como testigos vivientes de lo que el ser humano puede llegar a ser a través de la gracia de Cristo. ¿Por qué tantos afligen el corazón del amor infinito? […]
Dios permite que cada persona ejercite su individualidad. Ninguna mente humana debe sumergirse en otra mente humana. Pero se ha hecho la invitación: «Que haya en ustedes el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús». Cada persona debe comparecer delante de Dios con una fe individual, una experiencia individual, conociendo por sí misma que Cristo se forma dentro de uno, la esperanza de gloria. Si nosotros imitáramos el ejemplo de cualquier persona —aun el de una persona a quien, en nuestro juicio humano, consideráramos casi perfecta de carácter— estaríamos poniendo nuestra confianza en un ser humano imperfecto y defectuoso, que es incapaz de comunicar una jota o una tilde de perfección a otro ser humano.
Como nuestro ejemplo tenemos a Uno que es todo y entre todos, el principal entre diez mil, Uno cuya excelencia escapa a toda comparación. ¿Qué dice el divino Maestro?: «Sean ustedes perfectos, como su Padre que está en los cielos es perfecto» (Mat. 5: 48). ¿Quiere Cristo atormentarnos requiriéndonos lo que es imposible? ¡Nunca, nunca! ¡Qué honor nos confiere al pedirnos que seamos santos en nuestra esfera de acción, como el Padre es santo en su esfera! Mediante su poder, somos capaces de hacer esto, porque él declara: «Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra» (Mat. 28: 18). Es su privilegio y el mío reclamar este poder ilimitado.— Carta 20, 1902.
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Devocional Vespertino Para 2022.
«NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Rosalba Barbosa & Martha González.

