lunes , 24 agosto 2026
Lección E. Sabática Universitarios 2022

inTerioriza- DELANTE DEL SEÑOR

Dios enseñó a Israel que los hombres debían ir tres veces al año a Jerusalén para «presentarse ante el Señor» con una ofrenda. Las ocasiones en que debían hacerlo eran:

  • la fiesta de la Pascua (fiesta de los panes sin levadura),
  • la fiesta de las Semanas (Pentecostés) y
  • la fiesta de los Tabernáculos (Éxo. 23: 14-17; Deut. 16: 16).

En la Pascua se celebraba la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto. En el Pentecostés se celebraba la cosecha de la cebada, que en los tiempos del Nuevo Testamento se asociaba con la entrega de la ley en el Sinaí. En la fiesta de los Tabernáculos se celebraba el cuidado de Dios a Israel durante su paso por el desierto.

Hebreos 9: 24 describe la ascensión de Jesús a la presencia del Padre. Jesús llegó al santuario celestial, el «verdadero» santuario, «para presentarse» ante Dios con un mejor sacrificio: su propia sangre (Heb. 9: 23-24, NVI). Jesús cumplió las fiestas de peregrinación con asombrosa precisión:

  • murió el día de la preparación de la Pascua, al medio día, en el momento en que se estaban sacrificando los corderos de la Pascua (Juan 19: 14; Mat. 27: 45-50);
  • fue resucitado al tercer día y ascendió al cielo para recibir la seguridad de que su sacrificio había sido aceptado (Juan 20: 17; 1 Cor. 15: 20), cuando el sacerdote debía mecer la gavilla de cebada madura como primicia (Lev. 23: 10-12).
  • Ascendió cuarenta días después para sentarse a la diestra de Dios e instaurar el nuevo pacto en el día de Pentecostés (Hech. 1, 2).

El propósito de la peregrinación del antiguo Israel era encontrarse con Dios cara a cara (ver Sal. 42: 2, TLA). Esto significaba experimentar el favor de Dios (Sal. 17: 15). De manera similar, la expresión hebrea «buscar el rostro de Dios» significaba buscar la ayuda de Dios (2 Crón. 7: 14; Sal. 27: 8; 105: 4, RV95). Este es el sentido que la ascensión de Jesús tiene en Hebreos: Jesús ascendió a Dios con el sacrificio perfecto. También ascendió al cielo como nuestro precursor ante la presencia de Dios (Heb. 6: 19-20). Hizo realidad la promesa a los creyentes que andan «en busca de una patria», anhelando «una patria» y que tienen como objetivo «aquella ciudad […] de la cual Dios es arquitecto y constructor» (Heb. 11: 10, 13-16).

Cuando Dios llamó a Israel a salir de Egipto, su plan era entablar una relación personal e íntima con ellos. Les dijo: «Ustedes han visto lo que yo hice con los egipcios, y cómo los he traído a ustedes a donde yo estoy, como si vinieran sobre las alas de un águila» (Éxo. 19: 3-4). De esta forma, Dios dio a través de Moisés las instrucciones necesarias para preparar al pueblo para encontrarse con él. El pueblo necesitaba consagrarse primero (Éxo. 19: 10-15). Los que ascendieran sin preparación morirían. Sin embargo, una vez que el pueblo se hubiera preparado durante dos días, «cuando se oiga el toque largo de la trompeta», les dijo, podrían «subir al monte» (Éxo. 19: 13, NVI). Él quería que ellos tuvieran la experiencia que Moisés y los dirigentes de Israel habían tenido cuando ascendieron al monte «y comieron y bebieron» en su presencia (Éxo. 24: 9-11). El pueblo más tarde reconoció que había visto la gloria de Dios y «que Dios puede hablar con los hombres sin que estos mueran» (Deut. 5: 24). Sin embargo, cuando llegó el momento, les faltó la fe. Moisés explicó años más tarde: «Tenían miedo del fuego y no subieron al monte» (Deut. 5: 5). Lo que hicieron fue pedirle a Moisés que fuera su intermediario (Deut. 5: 25-27; comparar con Éxo. 20: 18-21).

La manifestación de la santidad de Dios en el Sinaí tenía el propósito de enseñarles a «temer» a Dios y respetarlo. El «temor al Señor» produce vida, sabiduría y honra (Deut. 4: 10; comparar con Sal. 111: 10; Prov. 1: 7; 9: 10; 10: 27) y nos enseña que él es misericordioso y compasivo (Éxo. 34: 4-8). De esta forma, aunque Dios quería que Israel se acercara a él, el pueblo tuvo miedo y le pidió a Moisés que fuera su intermediario. La descripción en la Epístola a los Hebreos de los acontecimientos del Sinaí continúa principalmente con Moisés recordándole al pueblo su falta de fe y su apostasía durante el episodio del becerro de oro, y con el miedo que el mismo Moisés tuvo de encontrarse con Dios debido al pecado del pueblo (Deut. 9: 19). La reacción del pueblo no era el plan de Dios para ellos; fue, de hecho, el resultado de su falta de fe.

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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2022.
1 er. trimestre 2022 INVERSO
Lección 10 «JESÚS, ABRE EL CAMINO A TRAVÉS DEL VELO»
Colaboradores: Estrellita Hernández & Mayra Cota

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