Por no requerir obediencia—Si hay hijos ingratos que son alimentados y vestidos y se les permite continuar sin ser corregidos, se hacen más osados para proseguir en el camino del mal. Y puesto que sus padres o tutores los miman así y no demandan obediencia, son participantes con ellos en sus hechos impíos. Tales hijos bien podrían estar con los perversos, cuyo inicuo proceder eligen seguir, en vez de quedar en hogares cristianos para envenenar a otros. En este siglo de impiedad, cada cristiano debiera mantenerse firme en la condenación de las malas y satánicas acciones de los hijos extraviados. Los jóvenes malos no deben ser tratados como si fuesen bondadosos y obedientes, sino como disturbadores de la paz y corruptores de sus compañeros.—Manuscrito 119, 1901.
Por permitir que los hijos sigan su propia voluntad— La influencia que prevalece en la sociedad favorece el dejarles seguir [a los jóvenes] la inclinación natural de sus propias mentes.—Mensajes para los Jóvenes, 372. Piensan [los padres] que satisfaciendo los deseos de sus hijos y dejándoles seguir sus inclinaciones, obtendrán su amor. ¡Qué error! Los niños así consentidos se crían sin ver restringidos sus deseos, sin saber dominar sus disposiciones y se vuelven egoístas, exigentes e intolerantes; serán una maldición para sí mismos y para cuantos los rodeen.—Joyas de los Testimonios 1:142.
Por tolerar actitudes equivocadas— Las lecciones de la niñez, buenas o malas, no se aprenden en vano. El carácter se desarrolla en la juventud para bien o para mal. En el hogar pueden existir lisonjas y falsa alabanza; en el mundo cada uno se sostiene por sus propios méritos. Los mimados, ante quienes se ha doblegado toda autoridad en el hogar, están allí sometidos diariamente a mortificaciones al verse obligados a someterse a otros. Aun muchos entonces aprenden cuál es su verdadero lugar mediante esas lecciones prácticas de la vida. Mediante reproches, chascos y el lenguaje claro de sus superiores, con frecuencia encuentran su verdadero nivel y al ser humillados comprenden y aceptan su lugar debido. Pero ésta es una prueba severa e innecesaria y podría haber sido evitada con la debida educación en su juventud.
La mayoría de esos indisciplinados va por la vida a contrapelo con el mundo, fracasando donde deberían haber tenido éxito. Crecen sintiendo que el mundo les tiene envidia porque no los alaba ni los acaricia, y ellos se vengan teniendo inquina al mundo y despreciándolo. Las circunstancias a veces los obligan a simular una humildad que no sienten, pero esto no les da una gracia natural y su verdadero carácter se manifestará más tarde o más temprano. . . ¿Por qué educarán los padres a sus hijos de tal manera que estén en guerra con aquellos con quienes se relacionan?—Testimonies for the Church 4:201, 202.
Por educarlos como demasiado adictos a las normas sociales— Los hijos no han de ser educados para pertenecer exclusivamente a la sociedad. No han de ser sacrificados a Moloc, sino que deben llegar a ser miembros de la familia del Señor. Los padres deben estar henchidos de la compasión de Cristo para que puedan trabajar por la salvación de las almas que están bajo su influencia. No deben permitir que su mente esté enfrascada en las modas y prácticas del mundo. No han de educar a sus hijos para que asistan a fiestas, conciertos y bailes, que propicien y asistan a festejos, porque éstos son los usos de las gentes.—The Review and Herald, 13 de marzo de 1894.
Por permitir la búsqueda egoísta de la felicidad— Hay muchos jóvenes que podrían haber sido una bendición para la sociedad y un honor para la causa de Dios, si hubiesen comenzado en la vida con ideas correctas en cuanto a lo que constituye el éxito. Pero en vez de estar dominados por la razón y los principios, fueron educados para entregarse a inclinaciones descarriadas y procuraron únicamente complacerse a sí mismos mediante placeres egoístas, pensando obtener así la felicidad. Pero no lograron su propósito, pues buscar la felicidad en el sendero del egoísmo no traerá sino desgracia. Son inútiles en la sociedad, inútiles en la causa de Dios. Sus perspectivas tanto para este mundo como para el venidero son sumamente desanimadoras, pues por el amor egoísta del placer pierden tanto este mundo como el venidero.—The Youth’s Instructor, 20 de julio de 1893.
Por falta de piedad en el hogar— En los hogares profesamente cristianos, donde los padres y madres debieran ser estudiantes diligentes de las Escrituras, a fin de que pudieran conocer cada es pecificación y restricción de la Palabra de Dios, hay un descuido manifiesto de seguir la instrucción de la Palabra y de criar a los hijos en la educación y admonición del Señor. Algunos padres profesamente cristianos no practican la piedad en el hogar. ¿Cómo pueden representar el carácter de Cristo en la vida del hogar los padres y madres que se conforman con alcanzar una norma baja y barata?… El sello del Dios viviente únicamente será colocado en los que manifiestan semejanza con el carácter de Cristo.—The Review and Herald, 21 de mayo de 1895.
Si los padres fueran obedientes a Dios— El Señor no justificará el mal gobierno de los padres. Hoy día centenares de hijos hinchen las filas del enemigo, viviendo y obrando apartados de los propósitos de Dios. Son desobedientes, ingratos, no son santos; pero el pecado yace a la puerta de sus padres. Padres cristianos, millares de hijos perecen en sus pecados debido al fracaso de sus padres en el sabio manejo del hogar. Si los padres fueran obedientes al Jefe invisible de los ejércitos de Israel, cuya gloria estuvo oculta en la columna de nube, la desgraciada condición que ahora existe en tantas familias no se vería.—The Review and Herald, 6 de junio de 1899.
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CONDUCCIÓN DEL NIÑO
SECCIÓN #8 * La Tarea Suprema: El Desarrollo del Carácter *
Capítulo 34: “ FORMAS EN LAS QUE SE ARRUINA EL CARÁCTER ”
Por: Elena G De White
Colaboradores: América Lara & Rosalyn Angulo

