¿Por qué trabajar antes de jugar?— Mi madre me enseñó a trabajar. Acostumbraba a preguntarle: “¿Por qué siempre debo trabajar tanto antes de jugar?” “Es para educar y enseñar tu mente para el trabajo útil, y otra cosa más, para mantenerte alejada de las travesuras; y cuando seas grande me agradecerás por ello”. Cuando una de mis nenas [una nieta] me dijo: “¿Por qué debo tejer? Las abuelas tejen”, yo le repliqué: “¿Quieres decirme cómo aprendieron a tejer las abuelas?” “Bien, comenzaron cuando eran niñitas”.—Manuscrito 19, 1887.
El valor de un programa diario—Hasta donde sea posible, conviene considerar lo que debe realizarse en todo el día. Anotad los diferentes deberes que debéis realizar, y destinad un cierto tiempo para cumplir cada uno de ellos. Haced todo con minuciosidad, pulcritud y prontitud. Si os toca hacer el trabajo del dormitorio, procurad que las habitaciones estén bien aireadas y que la ropa de cama sea asoleada. Asignaos cierto número de minutos para cumplir el trabajo y no os detengáis a leer diarios o libros sino que decid: “No, tengo solamente cierto número de minutos para hacer mi trabajo, y debo realizarlo en el tiempo que me he propuesto”. . . .
Los que por naturaleza tienen movimientos lentos, procuren ser activos, rápidos y enérgicos, recordando las palabras del apóstol: “En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor”.
Si os toca preparar las comidas, haced cálculos cuidadosos, y asignaos todo el tiempo que sea necesario para preparar los alimentos; y poned la mesa en forma ordenada y a la hora exacta. Tener la comida lista cinco minutos antes de la hora que os habéis fijado, es mejor que tenerla lista cinco minutos después. Pero si vuestros movimientos son lentos y tardos, si vuestros hábitos tienden a la pereza, haréis que resulte muy largo un trabajo que es corto. Los que son lentos tienen el deber de reformarse y de ser más expeditivos.
Si quieren, pueden vencer sus hábitos de lentitud. En la tarea de lavar los platos deben ser cuidadosos y al mismo tiempo trabajar rápidamente. Ejercitad la voluntad para alcanzar esta finalidad, y las manos se moverán rápidamente.—The Youth’s Instructor, 7 de septiembre de 1893.
Unid lo físico con lo mental—Cuando traían niños a mi familia como pensionistas, y ellos decían: “Mamá no quiere que yo mismo me lave”. Yo les decía: “¿Quieres que te lavemos nosotros y que te cobremos medio dólar más por tu pensión?” “¡Oh, no! Mamá no quiere pagar nada más por mí”. “Bueno, entonces—les decía— puedes levantarte por la mañana y lavarte tú mismo. Dios nunca se propuso que nosotros te sirviéramos en lo que tú puedes hacer.
En vez de que sea tu madre la que se levante por la mañana y te lleve el desayuno a la cama, tú debes ser quien diga: ‘Mamá, no te levantes esta mañana. Nosotros vamos a hacer los deberes de la casa’. Deberías dejar descansar en la mañana a aquellas personas cuyo cabello se está tornando gris”.
¿Por qué no ocurre así? ¿Dónde está la dificultad? Está en los padres que dejan crecer a sus hijos sin participar en las cargas de la familia. Cuando esos hijos van a la escuela, dicen: “Mamá dice que yo no debo trabajar”. Tales madres obran neciamente. Echan a perder a sus hijos y luego los mandan a la escuela para echarla a perder. . . . El trabajo es la mejor disciplina que puedan tener. No es más difícil para ellos que para sus madres. Unid el trabajo físico con el mental, y las facultades mentales se desarrollarán mucho mejor.—Manuscrito 19, 1887.
Inventad nuevas formas—Los padres deberían inventar nuevas formas y medios para mantener a sus hijos ocupados en algo útil. Que los niños reciban pequeños lotes de tierra para cultivarlos, a fin de que tengan algo que ofrecer como una ofrenda voluntaria.— Manuscrito 67, 1901.
Permitidles ayudaros en todo lo que puedan, y demostradles que apreciáis su ayuda. Que ellos sientan que forman una parte de la empresa familiar. Enseñadles a utilizar su mente tanto como sea posible, de modo que planeen la obra que deben hacer rápida y cabalmente. Enseñadles a trabajar con prontitud y energía, a economizar el tiempo de modo que no pierdan ningún minuto en las horas de trabajo asignadas.—Manuscrito 60, 1903.
El trabajo ennoblece—Enseñemos a nuestros hijitos a ayudarnos mientras sus manos son pequeñas y sus fuerzas son escasas. Impresionemos en su mente el hecho de que el trabajo ennoblece, que el cielo lo dispuso para el hombre, que le fue dado a Adán en el Edén, como una parte esencial para el desarrollo perdurable de la mente y el cuerpo. Enseñémosles que el placer inocente nunca satisface tanto como cuando sigue a un trabajo activo.—Pacific Health Journal, mayo de 1890.
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CONDUCCIÓN DEL NIÑO
SECCIÓN #6 * Lecciones de Virtudes Prácticas*
Capítulo 21: “LABORIOSIDAD”
Por: Elena G De White
Colaboradores: América Lara & Adriana Jiménez

