martes , 9 junio 2026
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Conducción del Niño

LECCIONES PRÁCTICAS DEL LIBRO DE LA NATURALEZA

Parte 3

El crecimiento en la gracia—Hablad a vuestros hijos del poder que Dios tiene de hacer milagros. Mientras estudian el gran libro de texto de la naturaleza, Dios impresionará sus mentes. El agricultor labra su tierra y siembra su semilla; pero no puede hacerla crecer. Debe confiar en que Dios hará lo que ningún poder humano puede realizar. El Señor pone su poder vital en la semilla, haciéndola germinar, y tener vida. Bajo su cuidado, el germen de vida atraviesa la dura corteza que lo envuelve, y brota para llevar fruto. Primero aparece la hoja, después la espiga, y luego el grano lleno en la espiga. Al hablárseles a los niños de la obra que Dios hace en la semilla, aprenderán el secreto del crecimiento en la gracia.—Consejos para los Maestros Padres y Alumnos, 96.

Superación del ambiente—En Norteamérica tenemos los lozanos nenúfares. Estas hermosas flores crecen puras, inmaculadas, perfectas, sin una sola mancha. Surgen en medio de una masa de desechos. Le dije a mi hijo: “Quiero que trates de conseguirme el tallo de ese nenúfar y arrancarlo tan cerca de la raíz como sea posible. Quiero que comprendas algo relacionado con él”.

Me trajo varios nenúfares, y yo los observé. Todos estaban llenos de canalitos abiertos, y los tallos extraían el alimento de la arena limpia que había debajo, y estos elementos nutritivos se convertían en el puro e inmaculado nenúfar. Rehusaba todos los desechos. Rehusaba todo lo repugnante. Y así se desarrollaba en toda su pureza.

Esta es exactamente la manera en que debemos educar a nuestros jóvenes en este mundo, que sus mentes y corazones reciban instrucción acerca de quién es Dios, quién es Jesucristo, y el sacrificio que ha realizado en nuestro favor. Que absorban la pureza, la virtud, la gracia, la cortesía, el amor y la paciencia; que las absorban de la Fuente de todo poder.—Manuscrito 43a, 1894.

Lecciones de confianza y perseverancia—“Mas pregunta, si quieres, a las bestias, que ellas te enseñarán, o a las aves del cielo, que ellas te lo dirán; . . . y los peces del mar te lo contarán”. “Ve a la hormiga, . . . considera sus caminos”. “Mirad las aves”. “Considerad los cuervos”. Job 12:7; Proverbios 6:6; Mateo 6:26; Lucas 12:24.

No solamente hemos de hablar al niño de estas criaturas de Dios. Los mismos animales deben ser sus maestros. Las hormigas enseñan lecciones de trabajo paciente, de perseverancia para vencer los obstáculos, de previsión para el futuro. Los pájaros son maestros de la dulce lección de la confianza. Nuestro Padre celestial hace provisión para ellos, pero ellos deben buscar alimento, construir sus nidos, y criar a sus hijos. Constantemente están expuestos a los enemigos que tratan de destruirlos y, sin embargo, ¡con qué ánimo hacen el trabajo! ¡Cuán gozosos son sus cantos!

Es hermosa la descripción que hace el salmista del cuidado de Dios por las criaturas de los bosques: “Las altas montañas son para las cabras monteses; Los peñascos sirven de refugio para los damanes”. Salmos 104:18. El hace correr los manantiales por las montañas donde los pájaros tienen su habitación y “gorjean entre las ramas”. Salmos 104:12. Todas las criaturas de los bosques y de las montañas forman parte de su gran familia. El abre la mano y satisface “el deseo de todo ser viviente”. Salmos 145:16.—La Educación, 113, 114.

Los insectos enseñan laboriosidad—La industriosa abeja le da a los hombres inteligentes un ejemplo de lo que harían bien en imitar. Esos insectos observan un orden perfecto, y en la colmena no se tolera a ningún ocioso. Realizan el trabajo asignado a cada una con una inteligencia y una actividad que escapan a nuestra comprensión. . . .

El sabio nos llama la atención hacia las cosas pequeñas de la tierra: “Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio; la cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor, prepara en el verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento”. “Las hormigas, pueblo no fuerte, y en el verano preparan su comida”. Podemos aprender lecciones de fidelidad de estos pequeños maestros.

Si aprovecháramos con la misma diligencia las facultades que un Creador sabio nos ha concedido, cuánto crecerían nuestras facultades para la utilidad. El ojo de Dios contempla hasta la más pequeña de sus criaturas; ¿no considera entonces, al hombre formado a su imagen, y requiere de él que le corresponda por todas las ventajas que le ha concedido?—Testimonies for the Church 4:455, 456.

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CONDUCCIÓN DEL NIÑO

SECCIÓN #2 *Los Métodos y los Textos*
    Capítulo 7:“LECCIONES PRÁCTICAS DEL LIBRO DE LA NATURALEZA
Por: Elena G De White
Colaboradores: América Lara & Adriana Jiménez 

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