Dios se alegra con nosotros. Dios desea que nos alegremos. Dios instituyó celebraciones para asegurarse de que nos alegremos. ¡Así es el Dios a quien servimos! Sin embargo, en la actualidad, con frecuencia olvidamos cómo regocijarnos entre nosotros y con Dios.
El Señor es quien sacó a Israel de Egipto; esto se convertía en la motivación fundamental de su alegría y de sus fiestas (Deut. 16: 1). Dios elige los lugares para hacer morar su nombre y quiere que nos unamos a él allí (vers. 6-7, 11). En realidad, todo tiene que ver con la relación. Dios quiere estar tan cerca de nosotros como sea posible y asftraer gozo a nuestros corazones. El pueblo iba a descansar en las fiestas, no a trabajar, porque se iban a centrar en las obras que Dios había hecho (vers. 10, 15). Dios es quien bendecía a su pueblo. Cuando nosotros recordamos esas bendiciones, nuestra alegría aumenta y obtenemos una perspectiva mejor en cualquier prueba que podamos estar enfrentando. Las fiestas alejan nuestra mente de este mundo y dirigen nuestras esperanzas, deseos y sueños hacia la realidad celestial que Dios desea que todos experimentemos.
Las fiestas no eran celebraciones exclusivas, sino que incluían a todo aquel que quisiera asistir, sobre todo a las personas vulnerables. El pueblo debía invitar a los siervos, los levitas, los extranjeros, los huérfanos y las viudas, y celebrar con todos ellos (vers. 11, 14). Los siervos llegaban a ser igual a los demás en las fiestas; los levitas se convertían en herederos; los extranjeros se sentían como en casa; los huérfanos y las viudas ganaban una familia espiritual. Las grandes necesidades del corazón debían ser atendidas en las fiestas. Cada uno debía dar lo que pudiera para así contribuir a la gran celebración.
Hoy, las fiestas no son normativas ni obligatorias, sino que son una invitación rn santuario por la fe (Heb.10: 19-25), recordando lo que Dios ha hecho por nosotros en el pasado, reclamando la seguridad presente de la salvación, y esperando el cumplimiento final del cielo. Si bien celebrar las fiestas no es una necesidad, hacerlo nos impulsa a orar como el salmista: «Solo una cosa he pedido al Señor, solo una cosa deseo: estar en el templo del Señor todos los días de mi vida, para adorarlo en su templo y contemplar su hermosura» (Sal. 27: 4). ¡Pueda esta ser nuestra oración también!
Reflexiona de nuevo en Deuteronomio 16: 1-17 y trata de identificar a Jesús en el texto.
- ¿Qué te está diciendo a través de estos versículos?
- ¿En qué sentido puedes ver a Jesús en forma diferente o identificar algún rasgo nuevo de él?
- ¿Cómo influye en tu corazón descubrir que Jesús quiere alegrarse contigo?
- ¿Cómo respondes al ver a Jesús de esta manera?
#Inverso
#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2021.
4to. trimestre 2021 INVERSO
Lección 9 «¡TE ALEGRARÁS!»
Colaboradores: Israel Esparza & Mayra Cota
