A medida que los arqueólogos han ido descubriendo más sobre los cananeos y su religión, las razones de su pérdida de la tierra se hacen cada vez más evidentes. Al igual que Israel, cuanto más tiempo existía para rebelarse y desafiar a Dios, más viles y aborrecibles eran sus pecados. El sacrificio de niños y de otros seres humanos era central en la religión cananea. Infelizmente, esto se trasladó a Israel también (Juec. 11; 2 Rey. 21), pues ellos no destruyeron la religión cananea de la manera como Dios les había pedido que la destruyeran (Juec. 1-2). Además, la adoración en esos templos implicaba tener relaciones sexuales e incluso orgías con las sacerdotisas. Esto también se trasladó a Israel (ver Núm. 25 y las prostitutas de culto mencionadas con frecuencia por los profetas). No solo tenía que ver con la adoración a otros dioses; el castigo contra los cananeos fue debido a su maldad y a sus prácticas paganas. Sin embargo, Dios aceptó a toda persona que se arrepentía, aunque las naciones en su conjunto fueran destruidas.
Aunque el plan original de Dios era llevar a cabo la matanza él mismo, algunas veces Israel tuvo que defenderse por sí mismo de los ataques, ejecutar la pena de muerte, tomar las cosas en sus propias manos, y Dios tuvo que trabajar con su falta de confianza en su poder liberador. Pero en todas estas guerras y batallas, incluso en las que no fueron ideales, Dios dejó claro que no era una guerra normal. Israel no debía tener un ejército permanente, sino confiar en Dios para su liberación. Tampoco debían apropiarse de nada del botín, sino dedicarlo a Dios, algo que se observa con claridad en el castigo a Acán, pues se quedó con una parte de él. Estas guerras no eran en realidad en cuanto a Israel, sino más bien acerca del castigo de los cananeos por sus pecados, como más adelante lo fue el exilio para Israel cuatrocientos años después.
Una de las secciones más difíciles de entender de esta transición de poder de Canaán a Israel es la aparente indiferencia hacia las mujeres y los niños, que al menos, en parte, eran inocentes, pero tenían que ser destruidos (véase Josué 6). Sin embargo, es significativo destacar que las tres ciudades que fueron totalmente destruidas (Jericó, Hai y Hazor) en ese tiempo, en realidad eran fortalezas militares, y lo más probable es que tenían pocas mujeres y niños viviendo allí. Rahab era una posadera que vivía con su familia y se salvó con ellos. Era común que los posaderos vivieran entre los muros de las fortalezas militares para atender a los viajeros que pasaban por allí. Así que la mayoría de las personas que murieron en estas ciudades debieron ser soldados, no civiles. Además, el resto de la Biblia menciona a muchos hititas, amalecitas y otras personas no israelitas que estaban con vida, lo que da un indicio de que cualquier terminología relativa a la destrucción era probablemente hiperbólica y simbólica (otras naciones de aquel tiempo usaban el mismo lenguaje), que no pretende ser indicativo de genocidio (incluso al final de la conquista, en Josué 23, el propio Josué señala que los cananeos seguían viviendo allí).
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2021.
4to. trimestre 2021 INVERSO
Lección 5 «QUÉ HACER CON LOS CANANEOS»
Colaboradores: Israel Esparza & Mayra Cota
