lunes , 8 junio 2026
El Camino a Cristo

AMOR SUPREMO

Jesús dijo, describiendo su misión terrenal: Jehová “me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos, y a los ciegos recobro de la vista; para poner en libertad a los oprimidos.”10 Esta era su obra. Anduvo haciendo bien y sanando a todos los oprimidos de Satanás.

Había aldeas enteras donde no se oía un gemido de dolor en casa alguna, porque El había pasado por ellas y sanado a todos sus enfermos. Su obra demostraba su unción divina. En cada acto de su vida revelaba amor, misericordia y compasión; su corazón rebosaba de tierna simpatía por los hijos de los hombres. Se revistió de la naturaleza del hombre para poder simpatizar con sus necesidades. Los más pobres y humildes no tenían temor de allegársele. Aun los niñitos se sentían atraídos hacia él. Les gustaba subir a sus rodillas y contemplar su rostro pensativo, que irradiaba benignidad y amor.

Jesús no suprimía una palabra de la verdad, pero siempre la expresaba con amor. En su trato con la gente hablaba con el mayor tacto, cuidado y misericordiosa atención. Nunca fué áspero ni pronunció innecesariamente una palabra severa, ni ocasionó a un alma sensible una pena inútil. No censuraba la debilidad humana. Decía la verdad, pero siempre con amor. Denunciaba la hipocresía, la incredulidad y la iniquidad; pero las lágrimas velaban su voz cuando profería sus penetrantes reprensiones. Lloró sobre Jerusalén, la ciudad amada, que rehusó recibirle, a El, que era el Camino, la Verdad y la Vida. Sus habitantes habían rechazado al Salvador, mas El los consideraba con piadosa ternura. Fué la suya una vida de abnegación y preocupación por los demás. Toda alma era preciosa a sus ojos. A la vez que se condujo siempre con dignidad divina, se inclinaba con la más tierna consideración sobre cada uno de los miembros de la familia de Dios. En todos los hombres veía almas caídas a quienes era su misión salvar.

Tal fué el carácter que Cristo reveló en su vida. Tal es el carácter de Dios. Del corazón del Padre es de donde manan para todos los hijos de los hombres los ríos de la compasión divina, demostrada por Cristo. Jesús, el tierno y piadoso Salvador, era Dios “manifestado en la carne.”11

Jesús vivió, sufrió y murió para redimirnos. Se hizo “Varón de dolores” para que nosotros fuésemos hechos participantes del gozo eterno. Dios permitió que su Hijo amado, lleno de gracia y de verdad, viniese de un mundo de indescriptible gloria a esta tierra corrompida y manchada por el pecado, obscurecida por la sombra de muerte y maldición. Permitió que dejase el seno de su amor, la adoración de los ángeles, para sufrir vergüenza, insultos, humillación, odio y muerte. “El castigo de nuestra paz cayó sobre él, y por sus llagas nosotros sanamos.”12 ¡Miradlo en el desierto, en el Getsemaní, sobre la cruz! El Hijo inmaculado de Dios tomó sobre sí la carga del pecado. El que había sido uno con Dios sintió en su alma la terrible separación que el pecado crea entre Dios y el hombre. Esto arrancó de sus labios el angustioso clamor: “¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿por qué me has desamparado?”13 Fué la carga del pecado, el reconocimiento de su terrible enormidad y de la separación que causa entre el alma y Dios, lo que quebrantó el corazón del Hijo de Dios.

Pero este gran sacrificio no fué hecho para crear amor en el corazón del Padre hacia el hombre, ni para moverle a salvarnos. ¡No! ¡No! “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dió a su Hijo unigénito.”14 Si el Padre nos ama no es a causa de la gran propiciación, sino que El proveyó la propiciación porque nos ama. Cristo fué el medio por el cual el Padre pudo derramar su amor infinito sobre un mundo caído. “Dios estaba en Cristo, reconciliando consigo mismo al mundo.”15 Dios sufrió con su Hijo. En la agonía del Getsemaní, en [14] la muerte del Calvario, el corazón del Amor infinito pagó el precio de nuestra redención.

Jesús declaró: “Por esto el Padre me ama, por cuanto yo pongo mi vida para volverla a tomar.”16 Es decir: “De tal manera os amaba mi Padre, que me ama tanto más porque dí mi vida por redimiros. Porque me hice vuestro Substituto y Fianza, y porque entregué mi vida y asumí vuestras responsabilidades y transgresiones, resulto más caro a mi Padre; mediante mi sacrificio, Dios, sin dejar de ser justo, es quien justifica al que cree en mí.”

Nadie sino el Hijo de Dios podía efectuar nuestra redención; porque sólo El, que estaba en el seno del Padre, podía darle a conocer. Sólo El, que conocía la altura y la profundidad del amor de Dios, podía manifestarlo. Nada que fuese inferior al infinito sacrificio hecho por Cristo en favor del hombre podía expresar el amor del Padre hacia la perdida humanidad.

  • 1 Salmos 145:15, 16.
  • 2 Génesis 3:17.
  • 3 Éxodo 33:18.
  • 4 Éxodo 34:6, 7.
  • 5 Jonás 4:2.
  • 6 Miqueas 7:18.
  • 7 Juan 1:18.
  • 8 Mateo 11:27.
  • 9 Juan 14:8, 9.
  • 10 Lucas 4:18.
  • 111 Timoteo 3:16.
  • 12 Isaías 53:5.
  • 13 Mateo 27:46.
  • 14 Juan 3:16.
  • 152 Corintios 5:19.
  • 16 Juan 10:17.
  • 17 Hebreos 2:11.
  • 181 Juan 3:1 (V. Hispanoamericana).

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El Camino a Cristo
   CAPÍTULO 1- “AMOR SUPREMO
Por: Elena G De White
Colaboradores: Adriana Jiménez & América Lara

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