jueves , 22 octubre 2026
Inicio La Oración “Toda solicitud de perdón debe demostrar que es sincera”
La Oración

“Toda solicitud de perdón debe demostrar que es sincera”

“Toda solicitud de perdón debe demostrar que es sincera”

“No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu”. Salmos 51:11. Tanto el arrepentimiento como el perdón son dones de Dios que recibimos por medio de Cristo. Gracias a la influencia del Espíritu Santo somos convencidos de pecado y sentimos la necesidad de perdón. Siendo que la gracia de Dios es la que produce contrición, ninguno es perdonado a no ser por la gracia del Señor que contrita el corazón. Puesto que conoce nuestras debilidades y flaquezas, Dios está dispuesto a ayudamos. Él oye la oración de fe; sin embargo, la sinceridad de la plegaria únicamente puede demostrarse si hay un real esfuerzo personal de vivir en armonía con la gran norma que prueba el carácter de cada persona. Necesitamos abrir nuestros corazones a la influencia del Espíritu y a la experiencia de su poder transformador.—Recibiréis Poder, 58.

“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá”. ¿Por qué será que no creemos en la promesa de Dios? El pedir y el recibir se hallan íntimamente vinculados. Si pide con fe las cosas que Dios ha prometido, las recibirá. Mire a Jesús por las cosas que necesita. Pídale el perdón de pecados, y a medida que pida con fe, su corazón será ablandado, y perdonará a los que le hayan ofendido, y sus peticiones se elevarán ante Dios con la fragancia del amor. Junto con la oración viene el ser vigilantes, y cada pensamiento, palabra y acción estará en armonía con su petición por la reforma de la vida. La oración de fe traerá resultados correspondientes. Pero el mero formalismo de palabras, sin el deseo ferviente y sincero de recibir ayuda, sin la esperanza de recibir, no logrará nada. Que ningún suplicante semejante crea que recibirá nada del Señor. Los que se alleguen a Dios deben creer que él es, y que es el galardonador de todo aquel que lo busca con diligencia.—The Review and Herald, 28 de marzo de 1912.

Capítulo 24—La oración intercesora

La oración por otros

Esforcémonos para caminar en la luz así como Cristo está en la luz. El Señor quitó la aflicción de Job cuando él oró no solo por sí mismo sino por los que se le oponían. Cuando deseó fervientemente que se ayudara a las almas que habían pecado contra él, [entonces] él mismo recibió ayuda. Oremos no solo por nosotros mismos sino también por los que nos han hecho daño y continúan perjudicán- donos. Orad, orad sobre todo mentalmente. No deis descanso al Señor; pues sus oídos están abiertos para oír las oraciones sinceras, insistentes, cuando el alma se humilla ante él.—Comentario Bíblico Adventista 3:1159, 1160.

Debéis ser el instrumento por medio del cual Dios hable al al- ma. Se os recordarán cosas preciosas, y con el corazón rebosante del amor de Jesús, hablaréis palabras de vital interés e importancia. Vuestra sencillez y vuestra sinceridad constituirán vuestra mayor elocuencia, y en los libros del cielo se registrarán vuestras palabras como oportunas, semejantes a manzanas de oro con figuras de plata. Dios las transformará en una corriente de influencia celestial, des- pertará convicciones y deseos, y Jesús añadirá su intercesión a sus oraciones, y pedirá para el pecador el don del Espíritu Santo, y lo derramará sobre su alma. Y delante de los ángeles de Dios habrá gozo por un pecador que se arrepiente.—Hijos e Hijas de Dios, 276.

Hay a vuestro alrededor aquellos que sufren desgracias, que necesitan palabras de simpatía, amor y ternura, y nuestras oraciones humildes y compasivas.—Testimonies for the Church 3:530.

Al llamar a Dios nuestro Padre, reconocemos a todos sus hijos como nuestros hermanos. Todos formamos parte del gran tejido de la humanidad; todos somos miembros de una sola familia. En nuestras peticiones hemos de incluir a nuestros prójimos tanto como a nosotros mismos. Nadie ora como es debido si solamente pide bendiciones para sí mismo.—Hijos e Hijas de Dios, 269.

Al procurar ganar a otros para Cristo, llevando la preocupación por las almas en nuestras oraciones, nuestros propios corazones palpitarán bajo la vivificante influencia de la gracia de Dios; nuestros propios afectos resplandecerán con más divino fervor; nuestra vida cristiana toda será más real, más ferviente, más llena de oración.— Palabras de Vida del Gran Maestro, 289.

Algunos están enfermos y han perdido la esperanza. Devolvedles la luz del sol. Hay almas que han perdido su valor; habladles, orad por ellas. Hay quienes necesitan el pan de vida. Leedles de la Palabra de Dios. Hay una enfermedad del alma que ningún bálsamo puede alcanzar, ninguna medicina curar. Orad por estas [almas] y traedlas a Jesucristo. Y en toda vuestra obra Cristo estará presente para impresionar los corazones humanos.—El Ministerio de la Bondad, 75.

Conversen los que son espirituales con estas almas. Oren con ellos y por ellos. Conságrese mucho tiempo a la oración y al profun- do escudriñamiento de la Palabra. Obtengan todos los verdaderos hechos de la fe en sus propias almas, por medio de la creencia de que el Espíritu Santo será impartido a ellos porque tienen en verdad hambre y sed de justicia.—El Evangelismo, 118.

Cuando muera el yo, se despertará un deseo intenso por la salva- ción de otros, un deseo que llevará a esfuerzos perseverantes para el bien. Se sembrará junto a todas las aguas; y súplicas fervientes, oraciones importunas, entrarán al cielo a favor de las almas que perecen.—The Review and Herald, 22 de julio de 1884.

¡Oh, si se pudiera escuchar por todas partes la ferviente oración de fe: Dame las almas sepultadas ahora debajo de la basura del error, si no, muero! Traigámoslas al conocimiento de la verdad tal como lo es en Jesús.—Cada Día con Dios, 171.

Comenzad a orar por las almas; aproximaos a Cristo, colocaos más cerca de su costado sangrante. Permitid que un espíritu humilde y sereno adorne vuestras vidas, y haced que vuestras peticiones fervientes, sinceras y humildes asciendan hacia Dios en busca de sabiduría para tener éxito en la salvación no solo de vuestra propia alma, sino también de otras almas.—Testimonios para la Iglesia 1:449.

Son muchos los que han quedado sin esperanza. Devolvámosles la alegría. Muchos se han desanimado. Dirijámosles palabras de aliento. Oremos por ellos.—La Historia de Profetas y Reyes, 531. Hay que buscar a las almas, orar por ellas y trabajar en su favor. Han de hacerse llamamientos fervorosos y se deben ofrecer oraciones fervientes. Nuestras peticiones débiles y sin espíritu han de ser reemplazadas por súplicas llenas de intenso fervor.—Testimonios para la Iglesia 7:14, 15.

Esta obra requiere que velemos por el bien de las almas, como quienes hemos de dar cuenta. La ternura de Cristo ha de inundar el corazón del obrero. Si usted siente amor por las almas, revelará una tierna preocupación por ellas. Ofrecerá oraciones humildes, fervientes y sinceras por todos aquellos a quienes visite. La fragancia del amor de Cristo se revelará en su trabajo. Aquel que entregó su propia vida por la vida del mundo está dispuesto a cooperar con el obrero abnegado para producir una impresión sobre los corazones humanos.—Testimonies for the Church 6:75, 76.

Trabajemos juntos en este plan, y oremos unos por otros, trayén- donos los unos a los otros a la misma presencia de Dios, con una fe viva.—The Review and Herald, 28 de agosto de 1888.

#LaOración
#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias

LA ORACIÓN
   CAPÍTULO 23- “LA ORACIÓN PIDIENDO PERDÓN ”
Por: Elena G De White
Colaboradores: Adriana Jiménez & América Lara

Matinales relacionados

La fe y la oración

                       ...

La fe y la oración

Parte 2 Solamente la sensación de la presencia de Dios puede desvanecer...

La fe y la oración

  Parte 1 La fe significa confiar en Dios, creer que nos...

Recibir para dar

Parte 4 Haced de la Palabra de Cristo vuestra seguridad. ¿No os...