Muchos luchan para estar en paz con Dios debido a su co o a su debilidad actual. Para solucionar su lucha por la se esfuerzan por alcanzar un predeterminado nivel de desarrollo que si lo alcanzan, finalmente tendrán paz. Nada puede estar más dad. De hecho, esta lucha les roba la paz. De acuerdo con Pablo, podemos estar en paz con Dios gracias a la justificación (ver Rom. 5: 1). La justificación trae paz con Dios gracias al completo y gratuito perdón de nuestros pecados; además, nos acredita la justicia que nos llevará a salvo hasta el juicio (4: 5-8).
Estar en paz con Dios significa que la guerra terminó. Debido a nuestro propio pecado, estábamos enemistados con Dios, más mediante la muerte de Jesús fuimos reconciliados (ver Rom. 5: IO). La reconciliación con Dios es posible gracias a que, en la cruz, Jesús llevó nuestro pecado, y por su sangre nos salvó de la ira (ver Rom. 4: 25; 1 Cor. 15: 3; Rom. 5: 9). Todos los que creen son justificados y están en paz con Dios. La ira se ha ido; en su lugar hay reconciliación.
Todos los que son justificados por la fe permanecen en la gracia (ver Rom. 5: 2). Esto significa que las vidas de los creyentes están inmersas de la gracia de Dios. Ya que estamos justificados e inmersos de la gracia de Dios, nos regocijamos en la esperanza de compartir la gloria de Dios (5: 2). Esto significa que tenemos la garantía de que un día viviremos para el propósito para el cual fuimos creados, en un cielo y un tierra nuevos.
De acuerdo con Pablo, estar en paz con Dios, permanecer en la gracia y regocijarse en la esperanza de compartir la gloria de Dios puede cambiar nuestra perspectiva cuando la vida se vuelve dolorosa. Cuando la vida duele, los creyentes podemos regocijarnos en las tribulaciones, pues las tribulaciones producen paciencia (ver Rom. 5: 3). También nos regocijamos en la paciencia porque la paciencia produce prueba (5: 4). Dios usa las pruebas de la vida y las transforma para nuestro bien.
A medida que nuestras vidas se transforman a través de las dificultades, somos llenos de esperanza. La esperanza que tenemos nunca nos decepcionará, porque está alimentada por el amor de Dios, el cual es derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo (ver Rom. 5: 5). Cuando anclamos nuestra fe firmemente en Jesús, ninguna prueba puede robar nuestra paz, porque el Espíritu Santo es una fuente inagotable que nos recuerda el amor que Dios nos tiene y el poder transformador del sufrimiento.
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2021.
1er trimestre 2021 “Carta a los ROMANOS”
Lección 5: «LA CAIDA DE ADÁN Y EL TRIUNFO DE JESÚS«
Colaboradores: Israel Esparza & Misael Morillo
