En aquel día en que cada hombre será juzgado de acuerdo con los hechos realizados en el cuerpo, se evaporará, como el rocío al sol, toda excusa que pueda dar ahora el egoísmo para no entregar al Señor el diezmo y las ofrendas. Si no fuera para siempre demasiado tarde, ¡con cuánto gusto volverían muchos atrás y reedificarían su carácter! Pero será entonces demasiado tarde para cambiar el registro de los que semanal, mensual y anualmente han robado a Dios. Su destino estará ya decidido inalterablemente.
El egoísmo es un mal mortal. El amor propio y la indiferencia descuidada hacia los términos específicos del acuerdo entre Dios y el hombre, la negativa a proceder como fieles mayordomos suyos, han acarreado sobre el hombre la maldición de Dios, tal cual él había declarado que ocurriría. Esas almas se han separado de Dios y por precepto y ejemplo han inducido a otros a desatender los claros mandamientos de Dios, por lo cual él no les pudo otorgar su bendición.
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Libro Mensaje Para los Jóvenes
Sección 10—LA MAYORDOMÍA —capítulo 101
Por: Elena G De White
Colaboradores: Liseth Orduz & América Lara
