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Matinal Para Menores 2014

Las arenas cantoras de Escocia

«¡Alaben al Señor el cielo, la tierra y el mar, y todos los seres que en ellos viven!» (Salmo 69: 34).

Eric se imaginó el castillo de arena que construiría. Tendría torres, un foso y un puente levadizo. Había viajado con su tío Charley a la isla de Eigg, frente a la costa de Escocia. Aunque su tío había decidido hacer aquel viaje para escuchar las legendarias «arenas cantoras», Eric tenía un único pensa­miento en mente: construir el mejor castillo de arena del mundo.

Aparentemente, la playa de arena blanca de esa remota isla es idéntica a cualquier otra playa. Sin embargo, cuando alguien camina sobre ella, la arena produce un sonido musical; no se trata de un simple sonido, sino de tonos musicales que varían desde los sopranos hasta los bajos. Eric no podía creer lo que estaba oyendo. Se olvidó de los castillos de arena con la primera nota que escuchó. «¡Es increíble! ¿Cómo funciona?», preguntó.

«Verás, Eric. Por lo que tengo entendido, algunos científicos creen que estos sonidos musicales son el resultado de la estructura de la propia arena», contestó su tío, que se agachó y dejó caer un puñado de granos entre los de­dos, que tintinearon como campanillas. «Los granos de arena están compues­tos por diminutos trozos de un mineral llamado cuarzo que el mar ha ido erosionando hasta darle una forma redondeada. Cada grano está rodeado por una pequeña bolsa de aire; la fricción entre los granos genera una vibra­ción que produce una nota musical. Las notas musicales varían en función de la humedad de la atmósfera y de la presión. Cualquier mota de polvo o mate­ria extraña presente en el aire, alterará el sonido».

Eric experimentó con la sirena jugando con ella entre sus dedos y dejándo­la correr entre sus pies descalzos. Antes de que se diera cuenta, había llegado la hora de irse, pues tenían que tomar el ferry de la tarde para regresar. Le asal­taron muchísimas preguntas. ¿Por qué este tipo de arena se producía solo en aquel remoto lugar?

Durante el viaje de vuelta, mientras pensaba en las arenas cantoras de Escocia, Eric no podía evitar tararear la música del antiguo himno cristiano «Yo canto el poder de Dios». Las aves del cielo y las arenas de la tierra, toda la creación alaba a su Creador.

Tomado de:
Lecturas devocionales para Menores 2014
“En la cima”
Por: Kay D. Rizzo

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