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Matinal Para Adultos 2020

LOS LÍMITES DEL PERDÓN

«Si confesamos nuestros pecados, el es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad» (1 Juan l: 9). 

PERDÓN 

Los límites del perdón es el título del libro en español que Simón Wiesenthal escribió en primera persona. El argumento se centra en la historia de un joven judío que fue enviado a un campo de concentración durante los años del dominio nazi. El joven fue así nado para realizar tareas de limpieza en el quirófano de un hospital militar. Cierto ía, un oficial de las Escuadras de Defensa (SS [Schutzstaffel], por sus siglas en alemán) que estaba a punto de morir, en un afán por calmar su conciencia, pidió a la enfermera que buscara a algún judío con el fin de confesarle sus culpas y solicitar el perdón, en representación de las víctimas de su raza. Entonces llamó a Simón, quien se arrimó a la litera del joven nazi. En su lecho de muerte, el militar le confesó que, a pesar de haberse criado en el seno de una familia católica que se oponía a los valores antisemitas, la influencia hitleriana lo llevó a enrolarse en las SS. De esa manera, fue capaz de participar en innumerables atrocidades, como la de incendiar una casa con más de trescientas personas adentro, incluyendo niños, mujeres y ancianos. Pero Simón, sin preguntar razones, huyó de la habitación.

Varios dilemas éticos se desprenden de este relato. ¿Se puede perdonar a un criminal arrepentido? ¿Se pueden perdonar las faltas cometidas contra otras personas?

La Biblia dice. «Si confesamos nuestros pecados, él [Dios] es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad  (1 Juan 1:9). Evidentemente,

Dios puede perdonar a un criminal arrepentido, aunque su(s) víctima(s) nunca lo hagan. Sin embargo, algunos confiesan sus pecados a personas extrañas que no se relacionan directamente con la ofensa y quedan sin paz ni perdón. Tal es el caso de Judas, el discípulo traidor. Cuando vio que Jesús era lleva o a juicio fue al templo arrepentido, confesando «a los principales sacerdotes a los ancianos, diciendo: «Yo he pecado entregando sangre inocente»>> Mateo 27: 3-4. Al salir del templo, se fue con sus mismas culpas y, lleno de remordimiento, se ahorcó (vers. 5).

Confesar nuestras ofensas unos a otros solo es necesario entre el ofendido y el ofensor (Santiago 5: 16). Y, siendo que cuando causamos daño es como si lo hiciésemos al Señor, debemos confesarle todas nuestras faltas a él para recibir un perdón completo.

¿Has confesado todas tus faltas? ¿Has pedido perdón a quien has perjudicado? Busca a Dios primeramente. Su perdón está asegurado. Ahora pídele valor y humildad para reconocer tu falta ante quien le debes una sincera disculpa.

#MatinalDeAdultos
#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias

Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2020
«Buena Medicina es el Corazón Alegre»
Por: Julián Melgosa – Laura Fidanza.
Colaboradores:
Ricardo Vela & Esther Jiménez

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