«Atrapen a las zorras, a esas zorras pequeñas que arruinan nuestros viñedos»
(Cant. 2:15).
Thomas Austin le había ido muy bien desde que había emigrado a Australia. Su rancho ovino tenía el enorme tamaño de doce mil hectáreas. Era bueno ser rico en Australia, pero a veces extrañaba los pasatiempos de los ricos en su país natal, Inglaterra. Recordaba las cacerías de conejos. No había nada así en Australia porque allí no había conejos. Ni siquiera uno.
Esto le dio una idea. Pidió que le enviaran un montón de conejos salvajes. No tengo ni idea de cómo pudo hacer esto 130 años antes de que existiera Internet, pero llegó el día en que soltó en su propiedad 24 conejos recién llegados de viaje y un poco mareados.
Antes de que te den lástima estos pequeños conejitos, deberías saber que esta era una de las mejores cosas que les podrían haber pasado. De tanto en tanto, algunos cazadores australianos borrachos podían llegar a perseguirlos con armas, pero mayormente estaban en el paraíso. Australia no tenía depredadores, ni grandes ni pequeños, que tuvieran interés alguno en comer conejos. Además, se encontraron rodeados de muchísimas plantas deliciosas para comer. Era una vida maravillosa para los conejos: no hacían otra cosa que comer y criar familias de más conejitos.
Pronto había tantos conejos masticando la vegetación australiana que las ovejas comenzaron a resentirse. Veinte años después de su llegada, los conejos se habían comido gran parte de la vegetación y siguieron multiplicándose hasta que el país llegó a ser básicamente un hervidero de conejitos peludos. Esto puede sonar muy divertido, pero hizo que fuera muy difícil para los australianos tener plantaciones, ovejas o vacas.
Thomas pensó que estaba haciendo algo genial al introducir conejos en elmonte australiano; pero ahora, el país se siente desconcertado por su error.
De igual forma, quizá sea mejor que seas cuidadoso con los hábitos que introduces en tu vida. Aunque una sola cerveza o un solo cigarrillo tal vez parezcan inofensivos, pueden crecer hasta convertirse en una adicción que se adueñe de tu existencia. Comparado con eso, estar rodeado de conejos puede ser algo bueno. Kim
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Tomado de: Lecturas Devocionales de Adolescentes 2020
“Una idea genial”
Por: Kim Peckham
Colaboradores: Esteban Cortes & Antonia H
