EL PERDÓN DE DIOS
«Por aquel tiempo llegó Jesús al Jordán procedente de Galilea para que Juan lo bautizara. Pero Juan se resistía diciendo: «Soy yo quien necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice?». Jesús le contestó: «¡Déjalo así por ahora! Es menester que cumplamos lo que Dios ha dispuesto». Entonces Juan consintió». Mateo 3: 13-15, LPH

JESÚS NO RECIBIÓ EL BAUTISMO como confesión de culpabilidad propia. Se identificó con los pecadores, dando los pasos que nosotros debemos dar, y haciendo lo que nosotros hemos de hacer. Su vida de sufrimiento y paciente tolerancia después de su bautismo, fue también un ejemplo para nosotros.
Una vez salido del agua, Jesús se arrodilló en oración a orillas del río. Se estaba abriendo ante él una era nueva y trascendental. De una manera más amplia, estaba entrando en el conflicto de su vida. Aunque era el «Príncipe de paz» (Isa. 9: 6), su venida iba a ser como el acto de desenvainar la espada (Mat. 10: 34-36). […]
Nadie en la tierra le había comprendido, y durante su ministerio debía continuar su camino él solo. Durante toda su vida, su madre y sus hermanos no comprendieron su misión. Ni aun sus discípulos le comprendieron. Había morado en la luz eterna, siendo uno con Dios, pero debía pasar en la soledad su vida terrenal. […] Debía hollar la senda y llevar la carga solo. Sobre Aquel que había depuesto su gloria y aceptado la debilidad de la humanidad, debía descansar la redención del mundo. Él lo veía y sentía todo, pero su propósito permanecía firme. De su brazo dependía la salvación de la especie caída, y extendió su mano para asir la mano del amor omnipotente.— El Deseado de todas las gentes, cap. 11, pp. 88-89.
Jesús podría haber permanecido al lado del Padre. Podría haber conservado la gloria del cielo, y el homenaje de los ángeles. Pero prefirió devolver el cetro a las manos del Padre, y bajar del trono del universo, a fin de traer luz a los que estaban en tinieblas, y vida a los que perecían.— lbíd., cap. 1, p. 14.
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Devocional Vespertino Para 2020.
«Conocer al Dios Verdadero»
«FAMILIARIZÁNDONOS CON LA MISERICORDIA DE DIOS»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Pilita Mariscal & Martha Gonzalez
