miércoles , 28 octubre 2026
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Notas de Ellen G. White

LO QUE LE IMPORTA A JESÚS

Los que recibirán la recompensa más abundante serán los que hayan mezclado con su actividad y su celo una piedad misericordiosa y tierna por los pobres, los huérfanos, los oprimidos y los afligidos. Pero los que pasan sin preocuparse de ellos, que están demasiado ocupados para prestar atención a lo que ha sido comprado con la sangre de Cristo, que están llenos de grandes proyectos, encontrarán que están en el último lugar, en el más ínfimo.

Los hombres obran de acuerdo con lo que es el verdadero carácter de su corazón. Hay a nuestro alrededor los que poseen un espíritu manso y humilde, el espíritu de Cristo, pero que hacen muchas cosas pequeñas para ayudar a los que están cerca de ellos, y que no piensan en esas cosas que hacen; estos se asombrarán al final cuando encuentren que Cristo ha notado las palabras que han hablado a los desanimados, y ha tomado en cuenta los donativos más pequeños hechos para aliviar a los pobres, y que han costado al dador algún grado de abnegación. El Señor mide el espíritu y da la recompensa que corresponde; y el espíritu de amor puro, humilde e infantil hace que la ofrenda sea preciosa a su vista (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 354).

Al poner entre ellos a los desamparados y a los pobres, para que dependan de su cuidado, Cristo prueba a los que dicen ser sus discípulos. Por nuestro amor y servicio en pro de sus hijos necesitados revelamos lo verdadero de nuestro amor a él. Desatenderlos equivale a declararnos falsos discípulos, extraños a Cristo y a su amor.

Aunque se hiciera todo lo posible para proporcionar hogar a los huérfanos, quedarían aún muchos por atender. Muchos de ellos han heredado propensiones al mal. Prometen poco, no son atractivos, sino perversos; pero los compró la sangre de Cristo, y para él son tan preciosos como nuestros hijitos. De no serles tendida una mano de auxilio, crecerán en la ignorancia y los arrastrarán el vicio y el crimen. Muchos de estos niños podrían ser librados de estos peligros mediante la obra de asilos de huérfanos (El ministerio de curación, pp. 156, 157).

Todo el cielo se vaciará de ángeles, mientras los santos lo estén esperando, mirando hacia el cielo, como lo hicieron los galileos cuando ascendió desde el monte de los Olivos. Entonces únicamente los que sean santos, los que hayan seguido plenamente al manso Dechado, se sentirán arrobados de gozo y exclamarán al contemplarle: «He aquí, este es nuestro Dios; le hemos esperado, y nos salvará». Y serán transformados «en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta», aquella trompeta que despierta a los santos que duermen, y los invita a salir de sus camas de polvo, revestidos de gloriosa inmortalidad, y clamando: «¡Victoria! ¡Victoria sobre la muerte y el sepulcro!» (Maranata: El Señor viene, p. 301).

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Notas de Ellen G. White para la Escuela Sabática 2020.
3er. trimestre 2020 “HACER AMIGOS PARA DIOS”
Lección 8: «MINISTRAR COMO JESÚS»
Colaboradores: Rosalyn Angulo & Esther Jiménez

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