DIOS ES JUSTO
«La gracia de Dios se ha manifestado para salvación a toda la humanidad, y nos enseña que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, mientras aguardamos la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. Él se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda maldad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras». Tito 2: 11-14

JESÚS LES PRESENTÓ LA COPA de bendición, pero rehusaron con desprecio el don que se les ofrecía tan generosamente. El que se cree sano, el que se considera razonablemente bueno y está satisfecho de su situación, no procura participar de la gracia y la justicia de Cristo. El orgulloso no siente necesidad y cierra la puerta del corazón para no recibir a Cristo ni las bendiciones infinitas que él vino a ofrecer. Jesús no halla acomodo en el corazón de una persona así.
Los que son ricos y sabios en su propia opinión, no piden con fe la bendición de Dios ni la reciben. Se creen saciados, y por eso se retiran vacíos. Quienes han comprendido que es imposible por sí mismos salvarse, ya que no pueden hacer obras de justicia por sí mismos, son los que aprecian la ayuda que Cristo les ofrece. Son los «pobres en espíritu», a quienes él llama «bienaventurados» (Mat. 5: 3).
Primeramente, Cristo produce verdadero arrepentimiento en quienes perdona, y es obra del Espíritu Santo convencer de pecado (Juan 16: 8). Aquellos cuyos corazones han sido conmovidos por el convincente Espíritu de Dios reconocen que en sí mismos no hay nada bueno. Saben que todo lo que han hecho está entretejido con egoísmo y pecado. Así como el publicano, se detienen a la distancia sin atreverse a alzar los ojos al cielo, y claman: «¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!» (Luc. 18: 13, NVI). Ellos reciben la bendición. Hay perdón para los que se arrepienten, porque Cristo es el «Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1: 29). […]
Todos los que sienten la absoluta pobreza del alma, que saben que en sí mismos no hay nada bueno, pueden hallar justicia y fuerzas recurriendo a Jesús.— El discurso maestro de Jesucristo, cap. 2, pp. 21-23.
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Devocional Vespertino Para 2020.
«Conocer al Dios Verdadero»
«Para Familiarizarnos con el juicio de Dios»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Pilita Mariscal & Martha Gonzalez
