Durante gran parte de los treinta años, Jesús vivió y trabajó en Nazaret. Isaías 53: 2 testifica que no había nada llamativo en Jesús. Más adelante, cuando regresó a ministrar a su ciudad, las personas no podían superar el hecho de que era el hijo de María (Marcos 6: 1-3). Aparentemente, ¡se despertó a su rutina diaria de los 30 años! Para los doce años, tenía conciencia de su misión especial en la vida (Lucas 2:49). Sin embargo, en ese momento regresó a Nazaret con sus padres a una vida de aparente insignificancia (Lucas 2: 51). Se despertó a cumplir sus deberes cada mañana, comió lo que todos los demás comían, y no dormía en alguna cama especial. Llegado el momento, tomó el oficio de su padre José —el trabajo más cercano a él.
Tan destacables como fueron sus tres años y medio de ministerio, el hecho de que Jesús fue «tentado en todo, pero sin pecado» (Hebreos 4: 15) debe resonar con la realidad de los treinta años caracterizados por una vida mundana a su alrededor antes de su ministerio público. Si la pereza es un pecado, podemos estar seguros de que Jesús fue diligente —ni un solo día estuvo dando vueltas en la cama solo porque tenía flojera (compara con Proverbios 26: 14)—. Si la glotonería es un pecado, entonces Jesús nunca comió en exceso (compara con Proverbios 23: 21). Además, nunca podrás encontrar a Jesús complaciéndose mientras otros estuvieran en necesidad (compara con Ezequiel 16: 49).
En los detalles pequeños, Jesús fue fiel durante toda su vida (Lucas 16:10). Cuando nadie lo estaba mirando, él dio su mejor esfuerzo como carpintero. En la oscuridad de un pequeño pueblo y en el anonimato de un humilde nacimiento, siempre hizo lo que agradaba a Dios (Juan 8: 29). Cuando se apagaron las luces, el carácter de fidelidad de Jesús a Dios brilló, independientemente de la tarea específica en la que estuviera involucrado.
- G. White lo dice de esta manera:
«Jesús, en sus treinta años de reclusión en Nazaret, trabajó arduamente y descansó, comió y durmió, semana tras semana y año tras año, al igual que sus humildes contemporáneos. No llamó la atención a sí mismo como a un personaje notable; sin embargo, era el Redentor del mundo, el Adorado de los ángeles, que cumplía todo el tiempo la obra de su Padre, viviendo una lección que debiera permanecer para que la copiara la humanidad hasta el fin del tiempo».
«Esta lección esencial de laboriosidad feliz en los deberes necesarios de la vida, aunque sean humildes, ha de ser aprendida todavía por la mayor parte de los seguidores de Cristo. Si no hay un ojo humano que critique nuestro trabajo, ni una voz que lo alabe o condene, debiera ser hecho tan bien como si el Ser Infinito estuviera personalmente para inspeccionarnos. Debiéramos ser tan fieles en los detalles menores de nuestras ocupaciones como lo seríamos en los negocios mayores de la vida» (Conducción del niño, pág. 337).
- Medita una vez más en Nehemías 2 y busca dónde está Jesús aquí.
- ¿Qué semejanzas ves en cómo Jesús trabajó durante los primeros treinta años de su vida y el ejemplo de Nehemías?
- ¿En qué sentido puedes ver a Jesús en forma diferente o identificar algún rasgo nuevo de él?
- Para meditar y orar: ¿Cómo respondes al ver a Jesús de esa manera?
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2020.
1er trimestre 2020 “Cómo descubrir el proposito de Dios para tu vida”
Lección 5: «PROFESIONES Y LLAMADOS«
Colaboradores:Hidai Juarez S & Misael Morillo
