
inVita

Ezequiel 21 predijo los cambios absolutos que traería el Mesías: «Todo será diferente» (vers. 26) antes de describir cómo Jesús derribaría barreras e invertiría las expectativas sociales: «¡Llegue a la cumbre lo que está en el llano, y caiga por tierra lo que está en la cumbre!». Jesús empezó a exaltar a los humildes con su propia madre, que pronunció estas palabras después de que su prima la proclamara bendita entre las mujeres: «Derribó a los reyes de sus tronos y puso en alto a los humildes» (Lucas 1: 52). También anunció problemas para las élites orgullosas que se enaltecían a sí mismas, con palabras semejantes a las de Ezequiel 21: «Porque el que a sí mismo se engrandece, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido» (Mateo 23: 12). El reino que Jesús introdujo funciona según principios que a la gente le parecen retrógrados, ejemplificados en la sencilla afirmación: «Los que ahora son los últimos, serán los primeros; y los que ahora son los primeros, serán los últimos» (Mateo 20: 16).
Dios no ha establecido un gobierno terrenal bajo su control directo desde Israel, y nada es más tiránico que el hecho de que los seres humanos se otorguen a sí mismos la jerarquía para construir una teocracia de manufactura humana. Habría sido impensable que Moisés o David instituyeran una teocracia basada en su propia autoridad. La nación de Israel respetaba la teocracia porque vio cómo Dios se aparecía realmente a Moisés en el monte Sinaí. Es un fraude total para los gobernantes de hoy reclamar una autoridad de tipo teocrático basada en sus propias invenciones o falsas revelaciones. Dondequiera que esto ha sucedido ha resultado en el tipo más cruel de tiranía religiosa. Es importante señalar que Dios sigue nombrando gobiernos para castigar el mal y proteger las relaciones entre los ciudadanos, pero no nombra gobiernos para imponer nuestra lealtad a él (ver Romanos 13: 1-13).
Los límites que deben impedir que los gobiernos impongan leyes religiosas se encuentran también en el Antiguo Testamento. En Jeremías 27: 5-8, Dios ordenó explícitamente a su pueblo que se sometiera a la autoridad de Babilonia y al gobierno de Nabucodonosor. Esta sumisión debía ser absoluta, siempre y cuando Babilonia no interfiriera con su servicio a Dios. Cuando las leyes de Babilonia entraban en conflicto con las leyes de Dios, el pueblo ya no podía acatarlas. Este límite se ilustra claramente en la historia de Sadrac, Mesac y Abed-nego, quienes eligieron permanecer fieles a Dios cuando Nabucodonosor les ordenó adorar la estatua de oro (Daniel 3: 12). Los judíos estaban ansiosos por defender su independencia, pero Dios instruyó a su pueblo a someterse a la autoridad de Babilonia hasta donde hacerlo no violara la ley de Dios, que siempre es suprema.
La profecía de Ezequiel 21 decía que el Mesías derrocaría las antiguas formas de gobierno e introduciría nuevos principios, y Cristo hizo precisamente eso. En los lugares donde se han dejado de lado estos principios, el resultado ha sido la tiranía, la opresión y una miseria abrumadora. En cambio, los principios de libertad religiosa y separación entre la Iglesia y el Estado que él enseñó han fomentado la felicidad de la humanidad y fortalecido la civilización dondequiera que se han adoptado.
Medita nuevamente en el pasaje principal y busca a Jesús ahí.
- ¿De qué manera derrocó Jesús las antiguas estructuras de poder?
- ¿En qué sentido puedes ver a Jesús en forma diferente o identificar algún rasgo nuevo de él?
- Para meditar y orar: ¿cómo respondes al ver a Jesús de esta manera?
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Lección de Universitarios 2024
1er Trimestre 2024 «JESÚS Y LA LIBERTAD»
Lección #7: «COMPRENDER LA TEOCRACIA»
Colaboradores: Joaquín Maldonado & Mayra