«Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis ,lavaros los pies los unos a los otros».
Juan 13:14.
Si tuvieras que dejar un consejo antes de morir,» ¿cuál sería? ¿Qué considerarías como lo más relevante para decir? ¿Qué te gustaría que tus amados recordaran como lo más importante? Las respuestas pueden ser varias; sin embargo, creo que la mayoría estaría preocupada por dejar, según su criterio, lo que sería lo más útil para los familiares o amigos.
Jesús estaba a punto de partir. Él sabía muy bien los tiempos que lo esperaban, por lo que arregló todo necesario para pasar una última cena con sus discípulos. Tenía tantas cosas para decirles antes de morir, pero ¿cómo hacerlo? Sus discípulos ni siquiera comprendían cabalmente el significado de su muerte, incluso muchos de ellos ansiaban un puesto en el gabinete del tan anhelado reino. ¿Cómo decirles que el reino no era como ellos pensaban? Como un padre antes de partir al descanso, Jesús analizó cada detalle de lo que quería hacer en esas últimas horas con sus discípulos.
Jesús, para sorpresa de los discípulos, tomó una toalla, se ciñó la cintura, tomó agua en un lebrillo y empezó a lavarles los pies. Cada uno pudó contemplar con mirada atónita cómo su Maestro se arrodillaba en el polvo. ¡No lo podían comprender! ¿Por que hacía esto? ¿Es que no sabía que los que lavaban los pies eran los siervos? ¡Él era el Maestro! No podían permitir esto.
La lección más importante que Jesús quería dejar grabada en la mente de sus discípulos era la del servicio y la humildad. A todos ellos les habían enseñado diferente; su contexto decía que los de mayor rango debían ser servidos: los escribas, los fariseos y los ancianos eran venerados como grandes e importantes. Nunca se vería a un sacerdote, a un fariseo o a un escriba humillarse para lavar los pies de un hombre común. A aquellos que se les consideraba como prestigiosos debían ser colocados en los primeros lugares y recibir la honra que merecían. Después de ellos los que fueran, pero primero tenían que ser ello» esos eran los cánones
Jesús contempló amorosamente a sus discípulos diciéndoles que se lavaran los pies los unos a los otros. Esta era la enseñanza más importante. La filosofía del reino de Cristo contrasta radicalmente con la del hombre. Dios sirve, se hace humano, se humilla, se hace siervo y se hace obediente hasta la muerte. La base del reino de Cristo es el servicio, un amor desinteresado que excede toda imaginación y toda lógica. En su reino no hay lugar para el orgullo ni la soberbia, porque está diseñado para que en él se ame y se sirva. Y tú, ¿quieres ser parte del reino de Cristo?
Recuerda: todo es por su gracia.
Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2026
«POR SU GRACIA»
Por: Isaías Espinoza
Colaboradores: Nesthor Caraballo y Silvia García F.
