“El deseo del perezoso lo mata, porque sus manos rehúsan trabajar; todo el día codicia, mientras el justo da y nada retiene”. PROVERBIOS 21:25-26.
El libro de Proverbios es intensamente práctico. Nos recuerda que una vida piadosa se compone de los eventos cotidianos de nuestra vida. Derek Kidner lo explica así: “Su función en la
Escritura es vestir a la piedad de ropas de trabajo”.1 En muchas maneras, los escritos de Salomón son inmensamente provechosos y notablemente incómodos.
Una de las lecciones que nos enseña Proverbios tiene que ver con las consecuencias de la pereza. El texto bíblico utiliza la palabra “perezoso” para referirse a un holgazán. Esta es una palabra
adecuada porque nos describe a una persona que habitualmente está inactiva y cuyo estilo de vida está caracterizado por la indolencia, la flojera o la pasividad.
Aprendemos, pues, que el perezoso es como una bisagra sobre su cama (Pro 26:14). Esto puede significar que la persona se levanta de la cama muy tarde o, sencillamente, que avanza poco o
nada en sus labores diarias. No le gusta que le hablen de frente ni que le pidan cuentas. Cuando le preguntan: “¿Puedes hacer esto?”, resiente la pregunta obligada que le sigue: “¿Cuándo planeas
hacerlo?”; o en palabras de Proverbios 6:9: “¿Hasta cuándo, perezoso, estarás acostado? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño?”. Esta persona nunca se niega a hacer nada, pero sí posterga sus deberes poco a poco. Se engaña al pensar que “se dará el tiempo”, pero minuto a minuto permite que se le vayan las oportunidades de las manos.
En Proverbios 12:27, Salomón también nos dice que “El indolente no asa su presa, pero la posesión más preciosa del hombre es la diligencia”. En otras palabras, el perezoso no termina lo que
comienza. En cambio, nosotros, como seguidores de Cristo, fuimos llamados a la perseverancia y esta dará su fruto a su debido tiempo en nuestro trabajo para el Señor, si no nos cansamos (Ga 6:9).
Si mantenemos un espíritu de rendición de cuentas en nuestra comunidad cristiana, podemos ayudarnos mutuamente a ver nuestros puntos ciegos para que las excusas con las que justificamos nuestros comportamientos de pereza no se conviertan en problemas más grandes de autocomplacencia.
La verdadera tragedia de la vida del perezoso es que la pereza no es una discapacidad, sino más bien un pecado. La cultura contemporánea lleva a muchos a la búsqueda de un exceso del llamado ocio o tiempo libre. Sin embargo, los creyentes pueden poner un ejemplo radicalmente diferente. Dios nos creó para trabajar con un propósito: que nuestra luz brille delante de los demás
para que puedan ver nuestras buenas obras y glorificar a nuestro Padre que está en los cielos (Mt 5:16). La mejor aventura que puedes tener se encuentra en el sendero de la bondad y el deber. La
mejor recompensa no se encuentra en el ocio, en las comodidades ni en evadir responsabilidades, sino más bien en dar y en no retener. ¿Cómo afectará esto la perspectiva de tu día y tus tareas hoy?
PROVERBIOS 6:6-19
Lecturas Devocionales Familiares 2026
« LA VERDAD PARA VIVIR (365 DEVOCIONALES DIARIOS)»
Por: ALISTAIR BEGG
Colaboradores: Familia Mariscal y Karla González
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