martes , 13 enero 2026
Lección de Universitarios 2026

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El Génesis pagano

La mayoría de los relatos paganos de la creación, que eran comunes en culturas como la babilónica, la egipcia y la sumeria, tienen dos características. Primero, a menudo comienzan con la naturaleza creando a los dioses. En estos relatos, los dioses nacen de elementos naturales como el agua, el cielo o el caos. Por ejemplo, el Enuma Elish babilónico describe una batalla cósmica que involucra a las aguas primigenias y, desde este caos, nacen los dioses y crean el mundo. Las culturas griega, nórdica e hindú también tienen relatos semejantes. Se podría decir que incluso el ateísmo, que presenta a la naturaleza como creadora, entra en esta categoría.

La segunda característica clave de los relatos paganos de la creación es que la humanidad se encuentra en la parte inferior del orden de la creación, la parte menos importante. En muchas de estas historias, los humanos son creados como un elemento añadido o para llevar a cabo el trabajo sucio de los dioses. Por ejemplo, en la mitología babilónica, los humanos son creados a partir de la sangre de los dioses derrotados para servir a los dioses victoriosos, esencialmente para hacer el trabajo que los dioses no quieren hacer. Los humanos existen para hacer felices a los dioses y el valor que tienen es principalmente utilitario: sirven a las necesidades de los dioses.

En marcado contraste, el relato bíblico de la creación cambia totalmente este guion. En primer lugar, Dios no nace de la naturaleza, sino que él crea la naturaleza. La Biblia empieza con la declaración: «En el comienzo de todo, Dios creó el cielo y la tierra» (Gén. 1: 1). No se libró una batalla caótica entre dioses o fuerzas naturales. Dios, y solamente Dios, habla y todo comienza a existir: la luz, el cielo, la tierra y el mar (Gén. 1: 3-10). Él es soberano sobre toda la creación, no un producto de ella. La segunda diferencia, y la más crucial, es que la humanidad es la parte más importante de la creación. Dios declaró: «Ahora hagamos al hombre a nuestra imagen» (Gén. 1: 26). Los humanos no son una criatura más; son el reflejo de Dios mismo. Tampoco fueron creados para servir a Dios de manera sumisa, sino que se les dio dominio sobre todas las criaturas. A diferencia de los mitos orientales antiguos, en los que los humanos son esclavos de los dioses, la Biblia nos retrata como mayordomos y socios de Dios en la tarea de cuidar el mundo (Gén. 1: 28).

Genesis 2: 7 brinda una mirada aún más íntima a la creación del ser humano: «Entonces Dios el Señor formó al hombre de la tierra misma, y sopló en su nariz y le dio vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente». Este acto de formar personalmente al ser humano con sus manos y de darle vida resalta el valor y el cuidado que Dios le dio a la humanidad. En otras historias, los humanos son un producto adicional del caos o la pereza divina, en cambio, la Biblia muestra a los seres humanos como corona de la creación, diseñados por las manos de Dios como una revelación de su amor.

Preguntas para considerar:

¿Qué revela el relato bíblico de la creación sobre Dios y su carácter?

¿Qué nos enseña la narrativa bíblica de la creación sobre la humanidad y nuestro valor?

Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2026.
1er trimestre 2026 «APOLOGÉTICA: EL AREÓPAGO»
Lección # 03  «DISEÑO DIVINO»

Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez

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