sábado , 6 diciembre 2025
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Matinal de Adolescentes 2025

La búsqueda incesante de Dios

 

«Supongamos que uno de ustedes tiene cien ovejas y pierde una de ellas; ¿No deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la oveja perdida hasta encontrarla?» (Lucas 15:4).

Era diciembre y la tierra se encontraba cubierta por el manto blanco de la nieve. Roldán, con sus veinte inviernos a cuestas, cuidaba de su rebaño en las colinas cercanas a Jerusalén. Con su gorra de lana y una bufanda tejida por la abuela, era el pastor más joven del lugar, pero tenía un corazón tan grande como el río de estrellas bajo el cual dormía.

Una noche, mientras una tormenta de invierno azotaba la región, Roldán contó sus ovejas y descubrió que faltaba una. Sin dudarlo, encendió su linterna y se aventuró en la oscuridad, desafiando el viento y la nieve. Los demás pastores le dijeron que era solo una oveja, que no valía la pena arriesgarse. Pero para Roldán, cada oveja era un tesoro y no podía soportar la idea de dejarla a su suerte.

Recorrió caminos y valles, llamando a su oveja perdida por nombre, como si invocara un viejo amigo. Después de horas de búsqueda, cuando las esperanzas parecían desvanecerse, escuchó un balido débil. Siguiendo el sonido, encontró a la oveja atrapada entre dos rocas. Con cuidado y ternura, la cargó sobre sus hombros.

Al regresar, los demás pastores se maravillaron de su dedicación y cariño por el rebaño. Roldán, con una sonrisa tímida, simplemente dijo: «Cualquiera de ustedes habría hecho lo mismo. Cada oveja importa. Ninguna tormenta es demasiado fiera cuando se trata de salvar a una de ellas».

La historia de Roldán se convirtió en un testimonio conmovedor entre los pastores que laboraban en Israel. La contaban como un recordatorio del valor de cada alma y del gozo que se siente al traer de vuelta a quien se había perdido. Y así, la parábola de la oveja perdida cobró vida una vez más, no solo como una historia de fe, sino como una aventura vivida por un joven pastor cuyo corazón reflejaba el amor de un Dios que nunca nos deja de buscar.

Oración: Padre celestial, gracias por no cansarte de buscarme cuando me alejo de ti.

Tomado de: Lecturas Devocionales de Adolescentes 2025
“MEGAVALIOSOS»
Por: Andrés J. Peralta

Colaboradores: Jhygceli Dávila y Adriana Jiménez

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