sábado , 6 diciembre 2025
Lección de Univversitarios 2025

inVita

 

Jesús, nuestra ciudad de refugio

Las ciudades de refugio ofrecen una lección objetiva de salvación. Como una ciudad de refugio, Jesús invita a todos a ir a él y encontrar descanso (ver Mat. 11: 28-29). La ciudad de refugio no mostraba parcialidad; tanto los israelitas como los extranjeros podían refugiarse en ella (ver Jos. 20: 9). Del mismo modo, Jesús acoge a todos los que acuden a él. Nos promete: «A los que vienen a mí, no los echaré fuera» (Juan 6: 37). Las ciudades de refugio estaban estratégicamente situadas en lugares de fácil acceso para todos; del mismo modo, Jesús nunca está lejos. Tenemos libre acceso a él siempre que reconozcamos nuestra necesidad.

La ciudad de refugio ofrecía seguridad frente al vengador de la sangre. A veces tomamos malas decisiones y sentimos duramente el peso de la culpa, la vergüenza y el remordimiento; otras veces, Satanás nos persigue implacablemente con pensamientos de inutilidad, desesperación y miedo. Tanto si nos enfrentamos a los resultados de las decisiones que hemos tomado como si sufrimos los ataques de Satanás, nuestra única seguridad es encontrar refugio en Jesús. Viviendo en un mundo quebrantado por el pecado y teniendo naturalezas pecaminosas, ninguno de nosotros es ajeno a la guerra espiritual. Pero las Escrituras nos dicen: «Ciertamente el enemigo vendrá como un río caudaloso, pero el espíritu del Señor desplegará su bandera contra él» (Isa. 59: 19, RVC). En nuestras propias fuerzas, estamos indefensos ante los ataques del enemigo, pero en Cristo, estamos escudados y protegidos.

La ciudad de refugio no podía ayudar a las personas que simplemente se acercaban a la ciudad y luego se daban la vuelta. Pasar casualmente por la ciudad no servía de nada. La ciudad solo podía proteger a los que permanecían dentro de sus muros. De la misma manera, un único encuentro con Jesús no produce ningún bien duradero. Jesús nos invita a permanecer en él para siempre: «Yo soy la vid, y ustedes son las ramas. El que permanece unido a mí, y yo unido a él, da mucho fruto; pues sin mí no pueden ustedes hacer nada» (Juan 15: 5). Jesús es un refugio para los que permanecen en él continuamente.

Permanecer en Jesús implica confiar en él y encontrar descanso en él a pesar de los peligros y amenazas que nos rodean. En relación con esta experiencia especial, David escribió: «El que vive bajo la sombra protectora del Altísimo y Todopoderoso, dice al Señor: “Tú eres mi refugio, mi castillo, ¡mi Dios, en quien confío!”» (Sal. 91: 1-2). Mientras que la ciudad de refugio ofrecía seguridad frente al vengador de la sangre, Jesús ofrece seguridad frente al enemigo de nuestras almas. Permaneciendo en Cristo es donde encontramos la paz y la libertad en este mundo. Hoy, Jesús nos invita a ir a él como nuestra Ciudad de Refugio.

Medita nuevamente en Josué 20 y busca a Jesús en el pasaje.

¿Te ofrece el texto una perspectiva nueva o diferente de Jesús?

¿Qué te ayuda a permanecer en Jesús y no alejarte?

Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
4to trimestre 2025 «EL LIBRO DE JOSUÉ»
Lección # 10 «LECCIÓN»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez

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