«Entonces el Rey dirá a lós de su derecha: «¡Vengan, benditos de mi Padre!
Hereden el reino que ha sido preparado para ustedes desde la fundación del mundo»».
Mateo 25; 34, RVA15
La venida de Cristo está más cerca que cuando por primera vez creímos. Se acerca el fin de la gran controversia. Los juicios de Dios están en la tierra. Hablan en solemne amonestación diciendo: «Por eso también ustedes deben estar preparados, porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperen» Mat. 24: 44.
Estamos viviendo en medio de las escenas finales de la historia de esta tierra. Las profecías se están cumpliendo rápidamente. Están transcurriendo velozmente las horas del tiempo de gracia. No tenemos tiempo que perder, ni un momento. No seamos hallados durmiendo en la guardia. Nadie diga en su corazón o por sus obras: «Mi Señor se tarda en venir». Resuene el mensaje del pronto regreso de Cristo en fervientes palabras de advertencia.
El Señor va a venir pronto, y debemos estar preparados para recibirlo en paz. Resolvamos hacer todo lo que está en nuestro poder para impartir luz a los que nos rodean. No debemos estar tristes, sino alegres, y recordar siempre al Señor Jesús. Él va a venir pronto, y debemos estar listos y aguardar su aparición. ¡Oh!, cuán glorioso será verle y recibir la bienvenida como sus redimidos! Largo tiempo hemos aguardado; pero nuestra esperanzá no debe debilitarse. Si tan solo podemos ver al Rey en su hermosura, seremos bienaventurados para siempre. Me siento inducida a clamar con gran voz: «¡Vamos rumbo a la patria! ». Nos estamos acercando al tiempo en que Cristo vendrá con poder y grande gloria a llevar a sus redimidos a su hogar eterno.
Por mucho tiempo hemos esperado el regreso de nuestro Salvador. Sin embargo, la promesa es segura. Pronto estaremos en nuestro hogar prometido. Allí Jesús nos conducirá junto a corrientes de aguas vivas que fluyen del trono de Dios y nos explicará las oscuras providencias por medio de las cuales nos puso en orden en esta tierra para perfeccionar nuestros caracteres. Allí contemplaremos con visión sin distorsiones las bellezas del Edén restaurado. , Echando a los pies del Redentor las coronas que ha puesto sobre nuestras sienes, y tocando las arpas doradas, henchiremos el cielo entero con la alabanza debida al que está sentado sobre el trono.— Testimonios para la iglesia, t. 8, pp. 263-265.
EL REINO DE GLORIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
