«Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús».
Filipenses 3: 14
¿Acaso no saben ustedes que, aunque todos corren en el estadio, solamente uno se lleva el premio? Corran, pues, de tal manera que lo obtengan. Todos los que luchan, se abstienen de todo. Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible; pero nosotros, para recibir una corona incorruptible»: (1Cor. 9: 24, 25, RVC). Los que participaban en la carrera para obtener la rama de laurel que se consideraba un honor especial, eran temperantes en todas las cosas, de manera que sus músculos, su cerebro, cada órgano de ellos estuviera en la mejores condiciones para correr. Solo uno recibía el premio. Pero en la carrera celestial todos pueden correr y todos reciben el premio. No hay incertidumbre ni riesgo en el asunto.
Hemos de revestirnos de las gracias celestiales, y con los ojos dirigidos hacia arriba, a la corona de la inmortalidad, tener siempre presente el Modelo. Debemos. tener constantemente presente la vida de humildad y abnegación de nuestro divino Señor. Y a medida que procuramos imitarlo, manteniendo los ojos fijos en el premio, podemos correr esa carrera con seguridad. Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 320.
Si los paganos, que no estaban controlados por una conciencia iluminada, y que no sentían el temor de Dios, se sometían a privaciones y a la disciplina del entrenamiento, negándose toda indulgencia debilitante solo para obtener una corona que perece y el aplauso de la multitud, con cuánta mayor,razón debieran los que están corriendo la carrera cristiana con la esperanza de obtener la inmortalidad y la aprobación del cielo estar dispuestos a negarse a sí mismos indulgencias y estimulantes malsanos, que degradan la moral, debilitan el intelecto y colocan los poderes superiores en sujeción a los apetitos y pasiones animales.
Con profundo interés Dios y los ángeles del cielo notan el sacrificio propio, la abnegación y los esfuerzos agonizantes de los que se dedican a correr la carrera cristiana.
Para todos los que cumplan cabalmente con las condiciones que especifica la Palabra de Dios, y tengan el sentido de la responsabilidad de preservar el vigor físico y la actividad del cuerpo, con el fin de que sus mentes estén bien equilibradas y su moralidad sana, la carrera no es incierta.— Ibíd., t. 4, pp. 38, 39.
SOLO POR GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
