«Pero Jehová endureció el corazón de Faraón, y este no dejó ir a los hijos de Israel». Éxodo 10: 20
¿Cómo endurece el Señor los corazones humanos? De la misma manera en que fue endurecido el corazón del faraón. Dios envió a este rey un mensaje advertencia y misericordia, pero él se negó a reconocer al Dios del cielo y no quiso obedecer sus mandamientos. Preguntó: «¿Quién es Jehová para que yo oiga su voz?» (Éxo. 5: 2).
El Señor le dio evidencia de su poder realizando señales y milagros delante de él. El gran Yo Soy familiarizó al faraón con sus obras maravillosas, mostrándole que era el gobernante del cielo y la tierra, pero el rey eligió desafiar al Dios del cielo. No consintió en humillar su empecinado corazón ni aun delante del Rey de reyes, para poder recibir la luz; estaba determinado a seguir su propio camino, llevando hasta lo último su rebelión. Eligió hacer su propia voluntad, y puso a un lado el mandato de Dios, y la misma evidencia de que Jehová estaba sobre todos los dioses de las naciones, todos los sabios y magos, solo sirvió para cegar su mente y endurecer su corazón.
Si el faraón hubiera aceptado la evidencia del poder de Dios dada en la primera plaga, se habría ahorrado todos los juicios que siguieron. Pero su marcada terquedad pedía aún mayores demostraciones del poder de Dios, y las plagas cayeron una tras otra hasta que finalmente fue llamado a mirar el rostro sin vida de su propio primogénito y de los de su pueblo, mientras que los hijos de Israel, a quienes él tenía como esclavos, no sufrieron daño de las plagas, ni fueron tocados por el ángel destructor. Dios mostró sobre quiénes descansaba su favor, quiénes constituían su pueblo.— Carta 31, 1891.
Cada evidencia adicional del poder de Dios que el monarca egipcio resistía, lo conducía a desafiar a Dios con más fuerza y persistencia. […] Este caso es una ilustración clara del pecado contra el Espíritu Santo. «Cada uno cosecha lo que siembra» (Gálatas 6: 7, NTV). Gradualmente, el Señor retiró su Espíritu. Al quitar su poder refrendador, el rey quedó a merced del peor de los tiranos: el yo. — Comentario bíblico adventista, t. 1, p. 1114
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Devocional Vespertino para 2024.
«Conflicto y Valor»
Por: Elena G de White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García