domingo , 14 diciembre 2025
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Matinal Para Damas 2015

Hijita mía, yo intercedo por ti

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Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. 1 Juan 2:1

Cuando yo tenía unos seis años, le dije a mi abuelito que mi papá me había retado mucho. Como él me escuchaba con tanta atención, conté todo y aun exageré un poco. Mi abuelito me hizo sentir que me comprendía, y al fin me dijo: “Hay que hacer algo. No puedo permitir que le hagan eso a mi nieta cuando ella es muy obediente”. Por supuesto que no era así… ¡yo había hecho mis travesuras y por eso me habían retado!

Entonces, sentado en el comedor, y yo a su lado, impresionada por su inteligencia, mi abuelito empezó a escribir una carta con gesto serio. ¡No podía creerlo! Me estaba defendiendo aunque yo no lo merecía. La carta decía más o menos así:

“Señor Luis Echeverría, presidente de la República: Por este medio le pido que haga algo y le ordene al profesor Rubén Rodríguez [mi padre] que no vuelva a retar a su hija”. Además, escribió maravillas sobre su meta. Al final, agradecía al presidente por todo lo que iba a hacer por mí, y luego firmó la carta, con la promesa de que la pondría en el correo al día siguiente. El me aseguró que el presidente le enviaría a mi papá una carta de reprensión por lo que me hacía, y que tal exceso de disciplina no se repetiría. Por supuesto, yo no diría nada sobre todo aquello.

Volvimos a casa el siguiente domingo. Aún recuerdo que todos los días yo esperaba la llegada del cartero, y me alegraba cuando venía algún sobre a nombre de mi papá. Entonces me iba corriendo a mí cuarto, muy contenta, porque ya el presidente de la República estaba regañando a mi progenitor.

Hoy reflexionó sobre el impacto que aquella carta producía en mi mente, pero sé que hay algo que debe hacerme sentir mejor: no tenemos un abuelito intercesor, sino un Abogado, Jesucristo, que se presenta ante el Padre como ofrenda perfecta para redimirnos. Con esta certeza, te invito a sonreír como yo lo hacía cuando me sentía feliz de tenor a alguien que intercediera por mí.

Beatriz Rodríguez

Tomado de: Lecturas devocionales para Damas 2015
“Jardines del alma”
Por: Diane de Aguirre

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