viernes , 16 enero 2026
Inicio Matinal Para Damas 2015 El poder de la oración — 1
Matinal Para Damas 2015

El poder de la oración — 1

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Creí; por tanto hablé, estando afligido en gran manera. Salmo 116:10

Era verano. La mayoría de los estudiantes ya se habían ido a sus casas; los colportores se habían ido a sus campos de labor. Ese día me desperté temprano, con el propósito de buscar trabajo en Monterrey, México, a fin de pagar mi colegiatura del siguiente año en la Universidad Adventista de Montemorelos.

Durante mis prácticas de enfermería conocí a una familia que me ofreció cuidar en su casa a un familiar enfermo. Me ofrecían hospedaje, comida y un buen pago. Decidí llamar a mis nuevos patrones a fin de confirmarles la dirección e informarles de que en unos minutos saldría rumbo a su casa, cuando me informaron que la señora a quien iba a cuidar había sido internada en un hospital. Por lo tanto ya no necesitarían mis servicios. Ahora, ¿qué iba a hacer? ¿Dónde trabajaría para conseguir el dinero que necesitaba? Me había quedado sin trabajo, sin hospedaje y sin dinero. Ya los colportores se habían ido; ¡no sabía qué hacer!

A pesar de la aflicción, fui a la oficina de mi mentora y consejera estudiantil, una persona serena y espiritual, que tan solo al hablar con ella me daba mucha paz, y le comenté lo que había pasado y cómo me sentía.

—Querida —me dijo—, no te preocupes por nada. Vamos a orar.

Entonces me sentí tranquila, con la mente despejada. Y decidí ir al hospital “La Carlota” con la jefa de enfermería para solicitar empleo.

—Tenemos trabajo —dijo—, lo que no tenemos es presupuesto. Déjame hablar con la administración. Ven más tarde y te daré una respuesta.

Salí del hospital y me senté en el área de urgencias. Mientras estaba allí, pasó una muchacha. Cuando cruzaba frente a mí se le cayeron $70; recuerdo muy bien: un billete de $50 y otro de S20. Ante mi necesidad, me vi tentada a tomarlos, pero mi conciencia y mis principios cristianos no me lo permitieron, así que le hablé y le dije que se le había caído su dinero. La joven recogió el dinero y se alejó, dándome las gracias.

A gradecí a Dios por preservarme de la tentación, aun en mi aflicción.

Amiga, si sientes que este es cl peor momento de tu vida, agradece y alaba a Dios. Él manifestará su providencia

Rosario Durán Beltrán

Tomado de: Lecturas devocionales para Damas 2015
“Jardines del alma”
Por: Diane de Aguirre

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