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Las personas que sostienen una posición de liderazgo generalmente viven bajo mucho estrés, como lo hacía Moisés. Bajo esa situación, no necesitan que sus amigos y familiares reaccionen como lo hicieron Aarón y María: con celos y resentimiento. Los buenos líderes necesitan nuestro estímulo y apoyo. Piensa en un líder a quien admiras: un maestro o pastor, uno de tus padres, o un amigo de tu misma edad que está en una posición de responsabilidad en la escuela, en la iglesia o en un equipo deportivo. Dedica un momento para llamar a esa persona, escribirle un mensaje electrónico o escribirle una nota diciéndole que en tu opinión, está haciendo un trabajo excelente.
*Plan de lectura para esta semana*
Patriarcas y profetas, capítulo 30 y 31
Números 11,12; Levítico 10: 1-11
Lección de Escuela Sabática Adventista para Jóvenes
2do Trimestre 2015
Lecc. 10 ¿Y qué de mí?
