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Matinal Para Damas 2014

Oír dos veces hablar una

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“Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse.“ Santiago 1:19

John Gray, en su libro Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus, nos sumerge en el esencial mun­do de las relaciones interpersonales entre hombres y mujeres, marcando las diferencias entre ambos. Por suer­te, no queda todo ahí, ya que a la vez destaca la importancia de aprender a convivir, pues cada uno de ellos es un elemento vital para la felicidad mutua.

El texto de hoy va mucho más allá en profundidad espiritual. Sugiere que quienes hacen la voluntad de Dios y cumplen su palabra deberían ser “prontos para oír, tardos para hablar y tardos para airarse”. Si bien el orden de estas tres virtudes no encierra un significado especial, te propongo analizarlas en otra secuencia, aplicarlas a nuestra experiencia y obtener el secreto de la dicha con­yugal y familiar.

  1. “Tardo para hablar”. Uno de los errores de la pareja es que piensan que siempre hay algo que decir, para cada ocasión y en todo momento. John Gray afirma que los hombres, equivocadamente, ofrecen soluciones y descalifican sentimientos, mientras que las mujeres ofrecen consejos e instrucciones no solicitados. Parece fácil para el ser humano hablar, su­gerir, recomendar. No descalifico estos valores en el arte del relaciona miento, pero reconozco que no siempre son necesarios, y el excesivo uso de ellos puede desestabilizar las arterias relaciónales de una familia.
  2. “Tardo para airarse”. A veces oigo a amigas decir: “Mi esposo es un caballero, ¡pero su carácter…!”. El mismo hecho de hablar sin parar, psicológicamente provoca una reacción de ira o fastidio en el receptor, respuesta que consume el eje de la relación, el diálogo y, a la larga, el vínculo.
  3. “Pronto para oír”. Alguna vez escuché a un predicador decir: “Dios nos creó con dos oídos y una boca para que escuchemos el doble de lo que hablamos”. ¡Aquí está el secreto del dinámico camino del relacionamiento humano! Debemos aprender a escuchar; así construiremos familias equi­libradas y relaciones duraderas. Que Dios nos ayude a ser, por su gracia, mesuradas para hablar, lentas para airarnos y dispuestas para oír.

Laura I. Jara Mayorga de Alava, Ecuador

Tomado de:
Lecturas devocionales para Damas 2014
“De mujer a mujer”
Por: Pilar Calle de Hengen

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