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Matinal Para Damas 2014

Mi Médico de cabecera

“Mientras él les decía estas cosas, vino un hombre principal y se postró ante él, diciendo: Mi hija acaba de morir; mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá”. Mateo 9:18

Era el 1o de octubre de 2011 y mi pequeña Ariana Sarahí, de tres años, acusaba una fie­bre de 39°C. Ella tiene rinitis alérgi­ca, por eso la fiebre era preocupante.

Le dimos el medicamento acostum­brado, pero la fiebre no bajaba. Re­cordé que en una ocasión anterior una médica nos había recomendado

otro medicamento, así que fui a la farmacia y lo compré. Al instante, sentí algo en mi corazón, una inquietud, una angustia que no puedo describir. Leí las in­dicaciones en el prospecto y cuando llegué a casa, abrí la Biblia y oré. No sabía bien qué me pasaba ni por qué. Entonces, escuché claramente una voz que me dijo: “¡No, no!”. Decidí no darle el medicamento a mi pequeña. Al día siguiente, escuchando las noticias cotidianas, me quedé helada: habían quitado del mer­cado farmacéutico el medicamento que yo había comprado por las complicacio­nes que ocasionaba en niños menores de doce años, ¡para los cuales estaba total­mente contraindicado!

Como padres, a veces nos desesperamos al ver a nuestros hijos enfermos y clamamos a Dios que los sane; pedimos por su salud física y nos olvidamos de su salud espiritual. Al leer la historia de Jairo comprendí que por amor a nuestros hijos debemos pedir primero salvación y luego sanación. Dios es nuestro médi­co. Debemos pedirle con fe y él dará a nuestros hijos no solo salud sino también bienestar espiritual.

La mejor educación que podemos darles a nuestros hijos es mediante el ejem­plo. Entonces, hagamos como Jairo: Primeramente busquemos a Dios (“vino un hombre principal”). Luego, postrémonos a sus pies (“se postró ante él”). Final­mente, reguémosle que ponga sus manos sobre nuestros hijos (“pon tu mano sobre ella, y vivirá”). De ese modo recuperarán la salud y serán salvos.

Querida amiga, cuando tus hijos enfermen, acude primeramente al gran Médico, y sigue atentamente su consejo. El guiará al profesional, el tratamiento, los medicamentos, los tiempos, porque él sabe lo que es mejor para sus hijos, y especialmente para los más pequeños.

Mónica P. Toaquiza Villagómez de Santa Cruz, Ecuador.

Tomado de:
Lecturas devocionales para Damas 2014
“De mujer a mujer”
Por: Pilar Calle de Hengen

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