viernes , 16 enero 2026
Matinal Para Menores 2014

La libertad de Penny

«¡Jesucristo nos ha hecho libres! ¡Él nos ha hecho libres de verdad! Así que no abandonden esa libertaad, ni vuelvan nunca a ser esclavos» (Gálatas 5:1, TLA)

30Penny, una perrita Collie blanca y marrón, y su amigo César, un gato color caramelo, viajaban por tierra desde Virginia hasta Nuevo México. Antes de salir de casa, sus dueños habían comprado dos collares, dos correas y una doble ración de tranquilizantes para animales. Ambos animales iban amarrados en la parte de atrás de la camioneta familiar. En cada parada los sacaban para que caminaran, tomaran agua y recibieran amor.

No pasó mucho tiempo antes de que Penny se acostumbrara a su correa y su confinamiento. Disfrutaba de las pequeñas caminatas que hacía cada parada llevando a su dueño halado de la correa. Cuando llegaba el momento de regresar a la camioneta, Penny se subía sin quejarse. Como se estaba portando bien, sus dueños decidieron quitarle la correa esporádicamente.

Lamentablemente, no podía decirse lo mismo de César. Durante todo el viaje estuvo inquieto, quejándose, protestando por la correa y halándola. Sus dueños jamás habrían podido levantarle las restricciones si querían llegar a Nuevo México con el resto de la familia. Ambas mascotas, Penny y César, eran muy amadas. Tanto, que sus dueños sacrificaron la felicidad y comodidad de ellas durante un largo recorrido para poder llevarlas hasta su nuevo hogar. Los amaban lo suficiente como para protegerlos. Esto significaba que aunque a Penny se le dio la libertad de estar sin la correa, César debía permanecer amarrado por su propia seguridad. No era culpa de César. Él era un gato y estaba actuando como gato. Los gatos son independientes por naturaleza. Penny, obviamente, estaba actuando como perro.

Los Diez Mandamientos son la correa de Dios. Algunas personas pelean, gritan y protestan como César contra aquello que Dios creó para protegerlos de ellos mismos. A veces tu papá y tu mamá le colocan «correas» a tu libertad, prohibiéndote salir a ciertas horas, asignándote tareas u obligándote a hacer la tarea de la escuela antes de poder ver televisión. A veces puedes sentir que ponen demasiadas restricciones y, al igual que César, comienzas a tratar de zafarte. ¿Crees que tus padres podrían soltar algunas correas, si al igual que ocurrió con Penny, pudieran confiar en ti? ¿Hay algún aspecto en el que aún necesitas una o dos correas por tu propia seguridad?

Tomado de:
Lecturas devocionales para Menores 2014
“En la cima”
Por: Kay D. Rizzo

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