VERSÍCULO PARA MEMORIZAR
«Yo soy la vid, y ustedes son las ramas. El que permanece unido a mí, y yo unido a él, da mucho fruto; pues sin mí no pueden ustedes hacer nada» (Juan 15: 5).

Lo que más desea Jesús es que sigamos su ejemplo. Por eso la Biblia nos dice que la obra del Espíritu en nuestro interior es lo que hace que llevemos el fruto del amor, la alegría, la paz, la paciencia, la amabilidad, la bondad, la fidelidad, la humildad y el dominio propio (ver Gálatas 5: 2-23). Si desarrollamos estos frutos, nuestra conducta será diferente. No nos enfrascaremos en discusiones, ni envidiaremos a nadie, sino que trataremos de ayudar a todo el mundo y tendremos siempre una palabra amable en los labios. Jesús quiere que vivamos en armonía los unos con los otros, ya que esa es la prueba más clara de que amamos a Dios. Los discípulos de Jesús ya lo amaban, ya eran sus «ramas». Sin embargo, Jesús les dijo: «Sigan unidos a mí, como yo sigo unido a ustedes. Una rama no puede dar uvas de sí misma, si no está unida a la vid; de igual manera, ustedes no pueden dar fruto, si no permanecen unidos a mí» (versículo 4). Aunque los discípulos ya se habían comprometido a seguir a Jesús, él les estaba diciendo que necesitaban mantener ese compromiso y renovarlo cada día. Si se separaban de él, que es la Vid verdadera, ellos nunca podrían dejar el pecado.
Nadie puede abandonar el pecado ni resistir la tentación si no está unido a Cristo, la Vid verdadera. Si realmente queremos vencer la tentación y vivir en armonía con Dios y con los demás, hemos de depender de Cristo cada día. Depender de Cristo significa tener una relación con él, leyendo la Biblia para conocerlo mejor, orando y estando dispuestos a obedecerle. Jesús no nos pide que llevemos fruto por nosotros mismos, sino que permanezcamos unidos a él, y él hará que llevemos fruto. La unidad de cada persona con Cristo es el secreto de la unidad en la iglesia, los unos con los otros. Jesús es lo que nos une a todos. Cuando nos acercamos a él, nos acercamos también entre nosotros. Como resultado, tenemos armonía y trabajamos juntos para dar a conocer a Jesús al mundo. En este último encuentro con sus discípulos, el mayor deseo de Jesús era que se amaran los unos a los otros como él los había amado. En más de una ocasión les había dicho que se amaran los unos a los otros, pero ellos no lo habían logrado, sino que discutían bastante.
Jesús se daba cuenta de que necesitaban comprender mejor su amor y seguir su ejemplo de sacrificio. En la última oración de Jesús que registra la Biblia, vemos que estaba preocupado por la unidad de sus discípulos. Dijo: «Te pido que todos ellos estén unidos; que como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste» (Juan 17: 21). Cuando nos unimos entre nosotros, no por las circunstancias sino por el amor de Cristo, ejercemos una influencia enorme. Donde hay unidad, se refleja la imagen de Dios. Estas son las lecciones espirituales que Jesús quería que sus discípulos aprendieran. Si tenemos una conexión diaria con Jesús, él cambiará nuestro carácter. A medida que pasamos tiempo con él cada día, que seguimos su ejemplo y le obedecemos, recibimos alimento espiritual. Entonces el Espíritu Santo producirá en nosotros sus frutos.
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Lección de Escuela Sabática para MENORES.
1er. Trimestre 2021 <LA GRACIA DE DIOS TRASPASA FRONTERA>
Lección 11: «LA CONEXIÓN»
Colaboradores: Karla González & Antonio Orellana