«Dios no pide a nadie que se vuelva ermitaño o monje, ni que se retire del mundo a fin de consagrarse a la adoración. La vida tiene que ser como la de Cristo, que estaba repartida entre la montaña y la multitud. Quien no hace nada más que orar, pronto dejará de hacerlo, o sus oraciones llegarán a ser una rutina formal. Cuando los hombres y las mujeres se aíslan de la sociedad, de la esfera del deber cristiano y de la obligación de llevar su cruz; cuando dejan de trabajar fervorosamente por el Maestro que trabajó con ardor por ellos, pierden lo esencial de la oración y no tienen ya estímulo para la devoción. Sus oraciones llegan a ser individualistas y egocéntricas. No pueden orar por las necesidades de la humanidad o la extensión del reino de Cristo ni solicitar poder para la acción.
»Sufrimos una pérdida cuando descuidamos la oportunidad de congregarnos para fortalecernos y edificamos mutuamente en el servicio de Dios. Las verdades de su Palabra pierden su vitalidad e importancia en nuestras almas. Nuestros corazones dejan de ser iluminados y vivificados por la influencia santificadora, y nuestra espiritualidad declina. En nuestro trato como cristianos perdemos mucho por falta de solidaridad mutua. La persona que se encierra demasiado en sí misma no ocupa la posición que Dios le señaló. El cultivo apropiado de la dimensión social de nuestra naturaleza nos lleva a solidarizarnos con los demás, y es para nosotros un medio de desarrollarnos y fortalecernos en el servicio a Dios.
»Si todos los cristianos se asociaran y hablaran unos a otros del amor de Dios y de las preciosas promesas de la redención, su corazón se robustecería, y se edificarían mutuamente. Aprendamos diariamente más de nuestro Padre celestial, obteniendo una nueva experiencia de su gracia, y entonces desearemos hablar de su amor. Mientras lo hagamos, nuestro propio corazón se enternecerá y reanimará. Si pensáramos y habláramos más del Señor Jesús y menos de nosotros mismos, gozaríamos mucho más de su presencia».-ELENA G. DE WHITE, El camino a Cristo, cap. 11, pp. 149-151.
Después de haber analizado el pasaje de esta semana y de haber repasado el versículo destacado que has aprendido de memoria:
- ¿Qué aplicaciones personales te sientes motivado a realizar en tu vida?
- ¿Cómo aplicarías a tu vida el versículo que has memorizado?
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2020.
1er trimestre 2020 “Cómo descubrir el proposito de Dios para tu vida”
Lección 12: «¿A QUÉ IGLESIA IRÉ?«
Colaboradores: Hidai Juarez S & Misael Morillo
