“aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo”. Tito 2:13

Mucha gente se nos acercó preguntándose “¿por qué?” Al responder, enfatizamos el amor de Dios al dar oportunidad al que no está preparado, o al llamar al que, preparado, no podría sostener su fe en tiempos difíciles. Estas respuestas me traían una y mil veces la imagen de Josué… y me dolía profundamente.
Recordando historias bíblicas de madres que clamaron con fe por la resurrección de sus hijos muertos hasta que Jesús los resucitó, personalmente o mediante el profeta, pensé: “¿Y si me faltó fe? Yo sé, Señor, que tú lo llamaste al descanso, pero… ¿no será que debí haber orado por la resurrección de mi hijo, y su muerte me sorprendió tanto que no tuve la fe que ameritaba un milagro?”.
Entonces, le hice una propuesta al Señor: “Ya que se acerca el cumpleaños de Josué, iré al cementerio a orar por su resurrección. Solo si la lluvia torrencial me impide entrar al cementerio, no iré, y entenderé que reservas el milagro de la resurrección de Josué para cuando vuelvas por segunda vez”.
La esperanza de ver a Josué me dio el ánimo que hacía tiempo me faltaba. Me preparé para el día siguiente, le avisé a mi esposo que no regresaría a casa por varias horas porque tenía “algo que hacer”. La noche me sorprendió orando, y un cielo estrellado me daba cada vez más esperanza de vivir un gran momento. Me dormí imaginando cómo sería el encuentro, hasta que una fuerte tormenta eléctrica, con viento y granizo, me despertó. No perdí la esperanza, aún faltaba que amaneciera. Amaneció y la violenta tormenta no disminuyó. Todo ese día y parte del siguiente sufrimos la furia de un clima amenazador.
Una vez más el Señor habló: “Debes esperar, aún no es el tiempo. Cree y confía. No te olvides que te amo. Lo volverás a ver. Aguarda”.
Rosario Perdomo de Larrosa, Uruguay
Tomado de:
Lecturas devocionales para Damas 2014
“De mujer a mujer”
Por: Pilar Calle de Hengen