De los muchos temas que la Biblia aborda, uno que destaca es el del dinero. Jesús lo trató en sus parábolas, y las Epístolas paulinas tocan el tema de la deuda y el valor de las cosas.
Mientras que los predicadores del evangelio de la prosperidad afirman que algunos pasajes de la Biblia dan a entender que bajo ciertas condiciones Dios nos hará ricos, esta no es la perspectiva bíblica. Las finanzas son parte integral de nuestras vidas y Cristo usa este elemento común del dinero para transmitir el mensaje del evangelio.
Más que el planteamiento de donar dinero a una causa digna sin fines de lucro o a una necesidad, el llamado a ofrendar al Señor tiene una dimensión espiritual. Dos de los aspectos que incluye son
la eliminación de nuestro carácter de toda forma de avaricia y
el desarrollo de la generosidad.
No es que Dios «necesite» esos fondos (por supuesto que no los necesita); de lo que se trata es de unir el esfuerzo divino y el humano para difundir el evangelio. La iglesia debe ser una agencia que predique, enseñe, y lleve salud física y mental, así como una extensión del ministerio de Cristo. No hay ningún sacrificio financiero que podamos hacer para ganar la salvación; la salvación es por gracia, pero nuestras ofrendas económicas le transmiten nuestra gratitud a Dios.
De los diversos tipos de donaciones financieras que se recogen en la Biblia, el primero y principal es el diezmo. De acuerdo a Levítico 27: 30-32, Dios define el diezmo como el diez por ciento de nuestras ganancias. Aunque a él le corresponde el ciento por ciento de todo lo que nos da, solo nos pide que le devolvamos el diez por ciento.
En segundo lugar, Dios lo define como santo. Como una forma de adoración (no de méritos salvíficos), el diezmo llega a ser nuestra más privada forma de devoción a Dios. Nadie fuera de Dios y la persona sabe su exactitud. Por esta razón, en esta relación exclusiva, Dios considera que devolverle menos de una décima parte es un robo (compara con Malaquías 3: 8-9).
Los grandes personajes de la Biblia devolvieron el diezmo. Después de que Abraham rescatara a Lot de Quedarlaomer (Gén. 14), devolvió el diezmo de toda su ganancia a Melquisedec, el rey y sacerdote de Salem (ver Gén. 14: 20). Durante su experiencia en Betel, Jacob pactó con Dios devolverle el diezmo (ver Gén. 28: 22). A todos los israelitas se les enseñó la santidad del diezmo y la propiedad única de Dios sobre él (ver Lev. 27: 30).
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- ¿Cuáles son tus hábitos de administración financiera hoy en día?
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Colaboradores: Hidai Juarez S & Misael Morillo
